viernes, 17 de mayo de 2013

Pentecostés

   Jesús exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo..”
    (Jn. 20,19-23)

       Jesús Resucitado “exhala su aliento” sobre sus discípulos que estaban sin aliento y atenazados por el miedo después de la trágica muerte de Jesús. También, Jesús Resucitado exhala hoy  su aliento de Vida sobre cada uno/ a  de   nosotros y sobre todo ser humano. ¿Podemos abrirnos hoy nosotros a este Aliento de Vida? El Espíritu Santo es el aliento de Jesús... y aquellos hombres y mujeres  atenazados  por el miedo se llenaron de una Vida nueva, de una fuerza nueva.

        Lo primero que se pone de relieve es la situación de la primera Comunidad después de la muerte de Jesús: “con las puertas cerradas por miedo”. Esta expresión  manifiesta el miedo y la inseguridad en que vivían los discípulos, que no tenían todavía  la experiencia de Jesús Resucitado. Pero el Espíritu transformó a los discípulos/as y les hizo abrir las puertas del Cenáculo que estaban “cerradas por miedo...” Jesús Resucitado atraviesa las puertas cerradas. El miedo de los discípulos no le detiene a la hora de atravesar las puertas cerradas y desearles la paz, ¿estaremos también nosotros con las puertas cerradas a causa de nuestros miedos?.

Con frecuencia, también nosotros tenemos nuestras puertas cerradas. Pero el Resucitado, abre y atraviesa nuestras puertas cerradas. Podemos imaginarnos que Jesús  Resucitado entra hoy  en nuestra casa y abre todo lo que está cerrado para que vuelva a la vida todo lo bueno y bello que está ahogado en nosotros. Ciertamente, es el miedo lo que nos cierra a la Vida. Su “Aliento” vence todos nuestros miedos, nuestros decaimientos, nuestros pesimismos y nos ayuda a superar nuestras dificultades. Su amor puede superar nuestros egoísmos, nuestras barreras y nuestras resistencias.

“Jesús exhala su aliento sobre sus discípulos” y, de esta forma tan tierna, les transmite su Espíritu. “Exhalar su aliento” a otro significa darle lo más profundo que tenemos. Jesús “exhala su aliento” de amor sobre nosotros. En nuestro aliento ya no sólo respiramos el aire, sino el Espíritu de Dios que es Amor. El mejor don que nos hace Jesús es su Espíritu, el espíritu de la verdad y de la vida, de la alegría y la esperanza.

      “De repente, un ruido del cielo, como un viento recio, resonó en toda la casa”. (He 2,2), hemos escuchado en la 1ª lectura. Los discípulos oyen un ruido, “como un fuerte viento”. Quiere decir que el Espíritu Santo se hace perceptible y nos pone en movimiento, como el viento fuerte, de manera que podamos superar lo que nos impide vivir plenamente. Necesitamos la sacudida de un viento recio que nos impulsa a la vida.
Algunos se preguntan también: “¿No son Galileos todos esos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno los oye hablar en nuestra lengua nativa?.” Lucas se refiere a la confusión de lenguas de Babel (Gen 11, 1). Babel se repite todos los días entre nosotros.
Pero, además de las lenguas, existen otras diferencias que nos separan y nos dividen (nuestras distancias, nuestras indiferencias, y particularmente nuestro egocentrismo...) Pero en Pentecostés el Espíritu Santo nos capacita para hablar una lengua nueva, un idioma que todos comprenden, que contagia y enciende a los demás: es la lengua del amor, que todo el mundo puede entender.

    ¿En quién nos apoyaremos para hablar esta lengua nueva de amor? ¿Quién sostendrá nuestra esperanza en un futuro mejor? ¿Quién nos fortalecerá en nuestra fragilidad humana? ¿Quién llenará nuestro corazón vacío que reclama una plenitud? El Espíritu de Jesús Resucitado que es Amor, sólo  amor.

     Hoy, tenemos muy presente a nuestro mundo, marcado por la pobreza, la crisis económica, la injusticia, la violencia,  y el desamor. Deseamos que el amor del Espíritu llegue a todos los rincones del nuestro mundo:  Ven Espíritu de Dios, ven a renovar la faz de la tierra. Ven donde hay injusticia y violencia. Ven donde domina la droga y las armas. Ven donde hay tanta corrupción y egoísmo. Ven donde hay tantos jóvenes en paro y tanta angustia en las familias que no llegan a fin de mes, y renueva nuestro mundo de hoy.
    Ven Espíritu Santo, sin Ti, nuestro «progreso» no nos conduce hacia una vida más digna, noble y gozosa. Ven Espíritu Santo, enséñanos a entendernos aunque hablemos lenguajes diferentes. Sin tu Amor en nuestro interior, seguiremos la escalada de la violencia absurda y sin salida. Ven a alegrar nuestro mundo tan sombrío. Ábrenos á un futuro más fraterno, justo y solidario. Entra hasta el fondo de nuestras almas. “Ven dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lagrimas y reconforta en los duelos... Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos...  “Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro”.
     Ven Espíritu Santo y libéranos del vacío interior: Nos hemos quedado sin interioridad. Nos resulta difícil entrar en contacto con lo mejor que hay dentro de nosotros.
          Ven Espíritu Santo renueva nuestra fe en Dios: En nuestra vida y en nuestra sociedad ya no hay sitio para Dios. Su Presencia ha quedado reprimida dentro de nosotros. Lleno de tantos ruidos por dentro y en medio de tanta superficialidad ya no podemos escuchar su voz.  “Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro”.
     Ven también a nuestro corazón y renueva nuestra vida. Espíritu Santo, luz de Dios, disipa las tinieblas de nuestras dudas. Fuego de Dios, derrite el hielo de nuestra indiferencia. Torrente de Dios, fecunda los desiertos de nuestro corazón y renuévanos por dentro. Tú que eres Luz y eres Amor, ven a renovar “la faz de la tierra”. 


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