jueves, 17 de enero de 2013

Segundo Domingo del Tiempo Ordinario


“No les queda  vino”.  (Jn. 2, 1-11)

Con estas palabras se dirige María a Jesús en  las bodas de Caná donde faltó el vino.  El vino es el  símbolo del amor y de la alegría. Quisiéramos que este vino no nos faltara nunca. Sin amor nadie puede vivir. Sin amor ¿qué sentido tiene nuestra vida?.

El Evangelio de hoy sitúa esta boda en Caná de Galilea, una pequeña aldea a 15 km. de Nazaret. Jesús es invitado a una boda. Jesús no es un personaje triste y solitario sino alguien que disfruta participando en esta fiesta de bodas. La  boda de Caná tiene un carácter claramente simbólico. En esa boda les faltó el vino.

      Llama la atención que el primer personaje que aparece en el relato no es el esposo o la esposa sino María, la madre de Jesús se da cuenta de la situación: “no les queda vino”. ¿Qué es una boda sin amor y alegría? ¿Qué podemos celebrar cuando estamos tristes y nuestro corazón está vacío de amor? A muchos hombres y mujeres de hoy les falta el vino del amor. Quieren celebrar una boda pero no es posible.  Ciertamente nuestro  amor humano es frágil, el amor que nace sólo del deseo y de nuestras carencias afectivas termina siempre en frustración.

Todos tenemos suficiente experiencia de la fragilidad de nuestro amor. Son tantas las veces en las que se acaba el vino  de nuestro amor...   Cuando sentimos las frustraciones, los desencantos, las tomas de distancias, las incomprensiones... Todos tenemos experiencia de lo que es la fragilidad de nuestro amor. A veces, es más frecuente el agua insípida que el vino sabroso, expresión del amor verdadero ¡cuántas veces se acaba el vino en nuestra vida!. También a nosotros nos falta el vino:  el vino del amor verdadero. En nuestra sociedad el amor ha quedado reducido a un intercambio mutuo, placentero y útil, donde el otro es un objeto de consumo. Con frecuencia, falta también el vino del amor entre los esposos que se cansan y se aburren, falta el vino del amor en las familias rotas, falta el vino del amor en la mediocridad  de nuestras comunidades y falta el vino del amor, sobre todo, en nuestras sociedades donde se muere de hambre y de miseria. Pero también, en nuestra sociedades desarrolladas  se muere de soledad de tristeza y de sinsentido

Es sorprendente la intervención de la madre de Jesús: “No les queda vino”. Su palabra es decisiva. Seguro que otros invitados han caído en la cuenta de la falta de vino, pero nadie se ha atrevido a hablar. María sí habla. Ella no tiene miedo de aparecer como “aguafiestas”. María existe y nos enseña a nosotros lo importante de atrevernos a existir y a no callarnos por miedo. María nos revela lo que es la verdadera libertad: ¿Cómo ser libre? ¿Qué es ser libre? La constatación de María (“no tienen vino”) desencadena todo lo que viene después.

           María se hace cargo de lo grave de la situación que atraviesan: “No les queda vino”. La reacción de Jesús es desconcertante. A las palabras de su madre, que ni siquiera suponen una petición, Jesús responde: “mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”.  También es significativo que María no se dirija al jefe del banquete, que es propiamente el responsable, sino que acude a Jesús. ¿Por qué?.  María reconoce que la solución está en Jesús... Sólo Jesús puede abrirnos a un amor nuevo, a un amor sin límites, a un amor que permanece para siempre; sólo Él puede sacarnos de la frustración y abrirnos el camino del verdadero amor y de la alegría.

    Ante  la respuesta desconcertante de Jesús,  María toma por segunda vez la palabra y se dirige a los sirvientes: "haced lo que El os diga". Es la última palabra que los evangelios recogen de María.  Es una palabra permanente. Ella nos sigue repitiendo a cada uno de nosotros: “haced lo que El os diga”. María tiene toda su confianza puesta en Jesús y afirma que hay que hacer cualquier cosa que El diga. Ella es nuestro modelo en la fe .

            “Había allí seis tinajas de piedra”. Representan una religión vacía  reducida a creencias que no llevan al amor y a la vida.... Lo peor es que “las tinajas estaban vacías” es decir, esa religión legalista y doctrinaria hace imposible el amor y la alegría. Justamente el número seis es el signo de lo incompleto.

              Después Jesús, que es sólo un invitado, se dirige a los sirvientes y les dice. "llenad las tinajas, y las llenaron hasta arriba". Es una orden: Jesús no vacila, actúa con contundencia. Jesús les manda a trabajar, es decir, Dios necesita  de nuestra colaboración para cambiar el agua en vino, para ofrecer a todos el vino del amor y de la fiesta, para que el mundo se humanice y esta vida tenga sentido y la fiesta sea posible para todos.
       
           “El mayordomo de la fiesta probó el agua convertida en vino... No dice “bebió el vino” sino “probó el agua convertida en vino”, es decir, lo que importa es el “gustar”, el saborear esa agua convertida en vino. Lo que importa es la experiencia de la vida.
 y llamó al novio y le dijo: todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos el peor”...  No comprende que el vino bueno, que anuncia una situación nueva de vida, comienza en Jesús. Con Jesús Resucitado, comienza el  amor y la alegría. El vino nuevo es el mismo Jesús Resucitado presente en nuestra vida.. Gracias a El, a su Presencia, que permanece para siempre entre nosotros, nuestra  vida humana logra pleno sentido, el amor es posible y la fiesta puede ser permanente. Nuestra vida puede ser como una fiesta de boda. El vino, que se sirve en abundancia, permite a los invitados disfrutar superando la frustración. Es como si se nos dijera: ¡bebed el mejor de los vinos!. ¡Sed felices hasta embriagaros, encontraos con la Fuente que os hace vivir y os da la fuerza para construir un futuro de esperanza!

             Tal vez, ante el Evangelio de este Domingo, tendríamos que preguntarnos: ¿Qué hemos hecho de la alegría del Evangelio?, ¿Qué necesitaríamos cambiar en nuestra vida para pasar de una vida insípida a una vida plena de sentido?,  ¿Cómo podremos seguir a Jesús sin cuidar más entre nosotros, el amor y la alegría para todos?

            No hay nada  más grave en nuestra vida que nos ocurra como a los de las bodas de Caná, que nos falte el vino del amor y de la alegría. En Jesús se manifiesta la alegría definitiva, “esa alegría que nadie nos podrá quitar”.  Nadie ha despertado tanta esperanza y tanta alegría como El. Nadie ha comunicado una experiencia tan profunda de Dios como Jesús.  Jesús y su mensaje siguen siendo una fuente de vida inagotable. Jesús es el “vino bueno”, que llena de sabor y gusto nuestra vida. Gracias a la Presencia del Señor es posible que nuestra Fiesta no tenga fin, que nuestra vida humana pueda convertirse en una fiesta de boda con vino abundante.

 Volviéndonos a Jesús Resucitado podemos decirle:
“Señor, te contemplamos hoy en la boda de Caná.  Tú que vienes a ofrecernos a todos el vino bueno de tu Amor y de tu Alegría. Que seamos Buena Noticia y esperanza para todos los seres humanos”.


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