“No les queda
vino”. (Jn. 2, 1-11)
Con estas palabras se dirige María a Jesús en las bodas de Caná donde faltó el vino. El vino es el
símbolo del amor y de la alegría. Quisiéramos que este vino no nos
faltara nunca. Sin amor nadie puede vivir. Sin amor ¿qué sentido tiene nuestra
vida?.
El Evangelio de hoy sitúa esta boda en Caná
de Galilea, una pequeña aldea a 15 km. de Nazaret. Jesús es invitado a una
boda. Jesús no es un personaje triste y solitario sino alguien que disfruta
participando en esta fiesta de bodas. La boda de Caná tiene un
carácter claramente simbólico. En esa boda les faltó el vino.
Llama la atención que el primer personaje que
aparece en el relato no es el esposo o la esposa sino María, la madre de Jesús
se da cuenta de la situación: “no les
queda vino”. ¿Qué es una boda sin amor y alegría? ¿Qué podemos celebrar
cuando estamos tristes y nuestro corazón está vacío de amor? A muchos hombres y
mujeres de hoy les falta el vino del amor. Quieren celebrar una boda pero no es
posible. Ciertamente nuestro amor humano es frágil, el amor que nace sólo
del deseo y de nuestras carencias afectivas termina siempre en frustración.
Todos tenemos suficiente
experiencia de la fragilidad de nuestro amor. Son tantas las veces en las que
se acaba el vino de nuestro amor... Cuando sentimos las frustraciones, los
desencantos, las tomas de distancias, las incomprensiones... Todos tenemos
experiencia de lo que es la fragilidad de nuestro amor. A veces, es más
frecuente el agua insípida que el vino sabroso, expresión del amor verdadero
¡cuántas veces se acaba el vino en nuestra vida!. También a nosotros nos falta
el vino: el vino del amor verdadero. En
nuestra sociedad el amor ha quedado reducido a un intercambio mutuo, placentero
y útil, donde el otro es un objeto de consumo. Con frecuencia, falta también el
vino del amor entre los esposos que se cansan y se aburren, falta el vino del
amor en las familias rotas, falta el vino del amor en la mediocridad de nuestras comunidades y falta el vino del
amor, sobre todo, en nuestras sociedades donde se muere de hambre y de miseria.
Pero también, en nuestra sociedades desarrolladas se muere de soledad de tristeza y de
sinsentido
Es sorprendente
la intervención de la madre de Jesús: “No
les queda vino”. Su palabra es decisiva. Seguro que otros invitados han
caído en la cuenta de la falta de vino, pero nadie se ha atrevido a hablar.
María sí habla. Ella no tiene miedo de aparecer como “aguafiestas”. María
existe y nos enseña a nosotros lo importante de atrevernos a existir y a no
callarnos por miedo. María nos revela lo que es la verdadera libertad: ¿Cómo
ser libre? ¿Qué es ser libre? La constatación de María (“no tienen vino”)
desencadena todo lo que viene después.
María se hace cargo de lo grave de
la situación que atraviesan: “No les
queda vino”. La reacción de Jesús es desconcertante. A las palabras de su
madre, que ni siquiera suponen una petición, Jesús responde: “mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”.
También es significativo que María no
se dirija al jefe del banquete, que es propiamente el responsable, sino que
acude a Jesús. ¿Por qué?. María reconoce
que la solución está en Jesús... Sólo Jesús puede abrirnos a un amor nuevo, a
un amor sin límites, a un amor que permanece para siempre; sólo Él puede
sacarnos de la frustración y abrirnos el camino del verdadero amor y de la
alegría.
Ante la respuesta desconcertante de Jesús, María toma por segunda vez la palabra y se
dirige a los sirvientes: "haced lo
que El os diga". Es la última palabra que los evangelios recogen
de María. Es una palabra permanente.
Ella nos sigue repitiendo a cada uno de nosotros: “haced lo que El os diga”. María tiene toda su confianza puesta en
Jesús y afirma que hay que hacer cualquier cosa que El diga. Ella es nuestro
modelo en la fe .
“Había allí seis tinajas de piedra”.
Representan una religión vacía reducida
a creencias que no llevan al amor y a la vida.... Lo peor es que
“las tinajas estaban vacías” es decir, esa religión legalista y doctrinaria
hace imposible el amor y la alegría. Justamente el número seis es el signo de
lo incompleto.
Después Jesús, que es sólo un
invitado, se dirige a los sirvientes y les dice. "llenad
las tinajas, y las llenaron hasta arriba". Es una orden: Jesús no
vacila, actúa con contundencia. Jesús les manda a trabajar, es decir, Dios
necesita de nuestra colaboración para
cambiar el agua en vino, para ofrecer a todos el vino del amor y de la fiesta,
para que el mundo se humanice y esta vida tenga sentido y la fiesta sea posible
para todos.
“El mayordomo de la fiesta probó
el agua convertida en vino... No
dice “bebió el vino” sino “probó el agua convertida en vino”, es decir, lo que
importa es el “gustar”, el saborear esa agua convertida en vino. Lo que importa
es la experiencia de la vida.
y llamó al novio y le dijo: todo el mundo pone
primero el vino bueno y cuando ya están bebidos el peor”... No comprende que el vino bueno, que anuncia
una situación nueva de vida, comienza en Jesús. Con Jesús Resucitado, comienza
el amor y la alegría. El vino nuevo es
el mismo Jesús Resucitado presente en nuestra vida.. Gracias a El, a su Presencia, que permanece para siempre entre
nosotros, nuestra vida humana logra
pleno sentido, el amor es posible y la fiesta puede ser permanente. Nuestra
vida puede ser como una fiesta de boda. El vino, que se sirve en abundancia,
permite a los invitados disfrutar superando la frustración. Es como si se nos
dijera: ¡bebed el mejor de los vinos!. ¡Sed felices hasta embriagaros,
encontraos con la Fuente que os hace vivir y os da la fuerza para construir un
futuro de esperanza!
Tal vez, ante el Evangelio de este Domingo, tendríamos que preguntarnos:
¿Qué hemos hecho de la alegría del Evangelio?, ¿Qué necesitaríamos cambiar en
nuestra vida para pasar de una vida insípida a una vida plena de sentido?, ¿Cómo podremos seguir a Jesús sin cuidar más
entre nosotros, el amor y la alegría para todos?
No hay nada más grave en nuestra
vida que nos ocurra como a los de las bodas de Caná, que nos falte el vino del
amor y de la alegría. En Jesús se manifiesta la alegría definitiva, “esa
alegría que nadie nos podrá quitar”. Nadie
ha despertado tanta esperanza y tanta alegría como El. Nadie ha comunicado una
experiencia tan profunda de Dios como Jesús.
Jesús y su mensaje siguen siendo una fuente de vida inagotable. Jesús es
el “vino bueno”, que llena de sabor y gusto nuestra vida. Gracias a la
Presencia del Señor es posible que nuestra Fiesta no tenga fin, que nuestra
vida humana pueda convertirse en una fiesta de boda con vino abundante.
Volviéndonos a Jesús Resucitado podemos
decirle:
“Señor, te contemplamos hoy en la boda de
Caná. Tú que vienes a ofrecernos a todos
el vino bueno de tu Amor y de tu Alegría. Que seamos Buena Noticia y esperanza
para todos los seres humanos”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario