“Dichosa tú, que has creído porque lo que te
ha dicho el Señor se cumplirá”
(Lc. 1, 39-45)
El
Evangelio de hoy nos presenta a María “que
se pone en camino y va a prisa a la montaña”. Hoy contemplamos a María
embarazada y en camino, a prisa, atravesando Palestina de norte a sur para
encontrarse con su parienta Isabel; María ha dicho: “He aquí la sierva del Señor”. Y enseguida, pone en práctica su sí a
Dios. María practica lo que dice… No se queda en meras palabras, no hay
distancia entre su palabra y su vida. De Ella aprendemos la coherencia y la
solidaridad…
María
en camino hacía la casa de Isabel nos revela lo que es el amor hecho servicio,
el amor solidario, “María va a prisa”; es decir, el amor le urge por
dentro y se pone en camino para encontrarse con Isabel, una mujer estéril, una
mujer pobre y despreciable en aquella cultura… María ve en Isabel a todos los
pobres y humillados y su corazón quiere compartir la alegría de una madre que había
sido estéril y humillada y ponerse a su servicio, al servicio de una anciana
embarazada… En María se nos manifiesta también lo que es la verdadera
solidaridad humana, la solidaridad con los más pobres y humillados de este
mundo.
Necesitamos apostar por la solidaridad como María: Hoy vemos tantas
personas sin trabajo, jóvenes sin trabajo durante muchos años que significa una
pérdida irreversible y esto es lo que estas ocurriendo en España. Estamos ante
el fracaso del sistema neoliberal
globalizado. Estamos viviendo un momento histórico nuevo. Nuestro sistema
neoliberal globalizado no tiene valores internos, somos víctimas de este modelo
pero tenemos que hacer algo. Ponernos en camino como María, ir hacia el
encuentro de los otros particularmente de los más necesitados.
Dice el texto evangélico que cuando Isabel oyó el saludo de María, “saltó la criatura en su vientre”… Es
impresionante el impacto de la presencia de María. El saludo de María despierta
la alegría del niño que Isabel lleva dentro y eso es debido a que María porta
en su seno a Aquel que es la Vida y que viene a ofrecernos la Vida y a
ofrecerla en abundancia. Nosotros podemos llegar a ser como María, portadores
de Cristo, portadores de Vida... Esta visita de María a su prima Isabel nos
recuerda que nosotros también podemos hacer la experiencia de la visitación
cada vez que salimos de nosotros mismos y nos abrimos al otro, como María lo hizo con Isabel. Nadie
puede encontrar solución a sus problemas
encerrándose en sí mismo: cada uno de nosotros estamos llamados a ser testigos
de paz y de amor en este mundo, marcado por la injusticia y la violencia.
Después
dice que “se lleno Isabel del Espíritu
Santo y dijo a voz en grito”: “Bendita tú entre las mujeres”, que quiere
decir, eres una supermujer (no según los parámetros de la grandeza humana, sino
por su fe) “y bendito el fruto de tu
vientre”. Que quiere decir: Dios te ha bendecido y ha bendecido al Hijo que
está en tu vientre… Y en ese Hijo, fruto de tu vientre, ha sido bendecido todo
ser humano, El, Cristo, el hijo de Dios y el hijo de María, es la esperanza del
mundo.
“¿Cómo es posible que la madre de mi Señor
venga a visitarme?” María es llamada en el Evangelio: la Madre del
Señor... Nosotros continuamos invocando
a María como la madre del Señor y madre de la Iglesia.
“Dichosa tú que has creído”. Este es el
centro del Evangelio de hoy. “Dichosa tú que has creído”. María ha
creído. Lo que se le había anunciado era algo más bien increíble, pero Ella ha creído.
A María se le ha anunciado que va a ser la Madre del Mesías y Ella no lo
entiende, pero confía y se entrega dócilmente al designio de Dios... “Dichosa tú que has creído”.
Dichosa tú, que has dado confianza a la Palabra de Dios. Dichosa tú, que te has
puesto en sus manos. Hoy podemos preguntarnos: ¿Creer nos hace felices?. ¿Creer
puede hacer más dichosa nuestra vida?. El origen de nuestra vida esta en Dios,
en un Dios que es amor infinito y confiarnos a El es fuente de felicidad.
Nuestra felicidad no depende de la aprobación ni del aplazo de los otros. La
fuente de nuestra felicidad esta en Dios.
“Lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”, es decir, la Vida se realizará plenamente en ti. También,
nosotros nos realizaremos plenamente si nos confiamos y nos abandonamos
a Dios como María.
La Navidad está cerca. Cada año, en el cuarto
Domingo de Adviento, el Evangelio pone ante nuestros ojos a María, que supo
esperar y abandonarse a Dios. Este episodio, del encuentro de María con Isabel,
nos recuerda las visitas de Dios a nuestra vida y nos recuerda también, que
Dios nunca nos deja solos y abandonados cuando le necesitamos. Él viene siempre
a nuestro encuentro...

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