miércoles, 26 de diciembre de 2012


¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía  estar en la casa de mi Padre?”. (Lc. 2,41-52).
  Esta es la pregunta que Jesús hace a sus padres después de recibir la queja angustiosa de su madre: “Hijo, ¿Por qué nos  has tratado  así ?”

   Los padres de Jesús cumplen las tradiciones religiosas de su pueblo y, en el momento oportuno, con Jesús, visitan el Templo de Jerusalén. Así que cuando Jesús cumple los 12 años, sube con ellos a Jerusalén, según la costumbre, para celebrar la Pascua, y cuando los días terminaron, mientras ellos regresaban, el joven Jesús se queda en Jerusalén sin que se enterasen sus padres... De repente, se dan cuenta de que Jesús no está con el grupo de la peregrinación. ¡Qué susto! Lo buscan por todas partes hasta que, a los tres días, lo encuentran en el Templo y ellos le manifiestan su queja: “Hijo, ¿Por qué nos has tratado así?”

      Es una situación de conflicto en la familia de Nazaret. Jesús, sin comentar nada, ni a José ni a María, ha tomado la decisión de quedarse en el Templo de Jerusalén. No se ha perdido, se ha quedado. Por eso, el reproche de María: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”.

     Y Jesús responde: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”. Al decir “tu padre”, María se refería a José pero cuando Jesús dice “mi Padre” está refiriéndose a Dios. Hay un contraste significativo. Jesús reivindica la primacía de la pertenencia al Señor, a su Padre. Jesús viene a decir: la referencia última en mi vida es Dios, mi Padre. Esta es la primera vez que Jesús habla del Padre. El Padre será para Él una referencia permanente a lo largo de toda su vida. Jesús vivirá para hacer la voluntad del Padre. Jesús vive para el Padre de manera tan radical que la pertenencia al Padre eclipsa por completo sus lazos con su propia familia. Jesús siente la necesidad existencial, que va a marcar toda su vida: estar en la Casa del Padre; es decir, de su “Abba” querido. Lo primero en su vida es el Padre. Jesús siente como prioritario los intereses de su Padre hasta tal punto que lo demás es relativo.

     El Evangelio dice que ni María ni José comprendían, “Pero ellos no comprendieron lo que quería decir”... La incomprensión de María y José representan la reacción natural de quien se encuentra frente a un hecho que supera la comprensión humana. Para María comienza el fatigoso camino de una fe que la irá haciendo descubrir progresivamente el Misterio de Jesús. María y José tienen que ir madurando en su fe. Ni siquiera María entiende ni comprende. Ella tiene que hacerse también discípula de Jesús.

     El Evangelio continúa diciendo que “Su madre  conservaba todo esto  en su corazón”.  Quiere decir que María, como  discípula de Jesús, hace su propio proceso en el camino de la fe; a Ella no se le ahorra nada de ese camino de la fe. María es modelo de todo creyente. También en nosotros, la fe es un proceso en que tenemos nuestros altibajos... el testimonio de María nos desvela cómo avanzar en el camino hacia el Dios de nuestra esperanza. 

       Y termina el texto diciendo que “Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura, y en gracia ante Dios y ante los hombres”.  Jesús camina hacia su madurez. Es también nuestra tarea, ir creciendo cada día hasta llegar a ser adultos.

     Hoy, en el domingo siguiente a la Navidad, celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia, recordamos que Jesús, el Hijo de Dios, creció y aprendió a caminar por la vida en el seno de una familia, con el amor de sus padres, María y José. Hoy, la familia de Nazaret es para todos nosotros un modelo de amor y de comunión. Nosotros creemos que la familia es el ámbito en que es posible vivir humanamente las mayores alegrías y también las más duras tristezas. Ciertamente, la familia puede llegar, en algunos casos, a ser el primer lugar en el que somos heridos,  pero también puede ser el lugar privilegiado en el  que las personas puedan crecer y vivir felices. Esa familia, como lugar de crecimiento, requiere el amor, en el que se valore a cada uno por lo que es y se le estimule a ser él mismo.

      En este día, en que contemplamos a Jesús formando parte de una familia humana como las nuestras pedimos por nuestras familias: que nos amemos cada día más, que sepamos superar las dificultades, que procuremos hacer felices la vida de los que están cerca de nosotros. También recordamos a las familias que se encuentran con problemas graves: que viven en la pobreza y en el abandono, que sufren violencia y rupturas afectivas, para que encuentren ayuda y fortaleza.

    Nos volvemos a Jesús para decirle: Señor, Jesús, que has vivido en la familia de Nazaret, concédenos una familia a tu estilo donde sea posible escucharte y bendecir tu Nombre.


1 comentario:

  1. Muy feliz Navidad,creo que nos vemos en el facebook. Cuento, contamos con su Misa.

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