"Maestro bueno, ¿qué he de
hacer para heredar la vida eterna?". (Mc.10,17-22).
Un individuo va hacia Jesús y le hace una pregunta fundamental: ¿qué
he de hacer para heredar la vida eterna? ... Un hombre angustiado, busca
solución para un problema crucial: qué hacer para obtener la vida después de la
muerte. Llama la atención que este joven tiene todo lo que hoy se requiere para
ser feliz (juventud, riqueza, estatus social) es todo
lo que la publicidad nos impone y
nosotros perseguimos más o menos inconscientemente. Sin embargo, parece que
siente un vacío su vida y por eso
pregunta: ¿qué tengo que hacer para
heredar la vida eterna?. Reconoce en Jesús a Alguien que
puede resolver su problema y calmar su angustia. Por eso, le llama: "Maestro bueno ¿qué he de hacer para heredar la vida
eterna?".
El texto del Evangelio dice que
este individuo va “corriendo” y se
arrodilla…” En Oriente el correr es un comportamiento reprochable pero su
angustia es tan insoportable que llega a transgredir las convenciones sociales…
No viene a Jesús como otros personajes oprimidos por la enfermedad, sino a
partir de una inquietud interior: ¿Qué tiene que hacer para heredar la vida
eterna? No parece preocuparle la vida terrena, que la tiene resuelta, él
pregunta por una vida definitiva, es decir, ¿Cómo evitar que la muerte sea el
final de todo?. Todos somos como este joven rico que vamos corriendo y también
podemos acercarnos hoy a Jesús con la misma pregunta.
Estamos demasiado llenos de
nosotros mismos pero anhelamos una Vida plena. Todo ser humano se hace esta
pregunta a lo largo de su vida “¿qué
tengo que hacer para heredar la vida
eterna?”. Jesús le contesta: “¿por
qué me llamas bueno? No hay nadie bueno, mas que Dios”. Jesús quiere decir: sólo Dios es el
último fundamento de todos los valores, sólo El da sentido definitivo a nuestra
vida humana en esta tierra. Sin Dios, el ser humano no sabe a dónde va, ni
logra comprender quién es en profundidad; el valor auténtico de la vida humana
no se mide por los bienes terrenos que hayamos logrado, que no apagan la sed
profunda de sentido y de felicidad que llevamos en el corazón.
La respuesta que Jesús da a este
individuo del Evangelio se dirige a cada una y a cada uno de nosotros. Jesús le
dice: “ya sabes los mandamientos: no
mates, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes,
honra a tu padre y a tu madre…”. Es decir, Jesús le refresca la memoria de los mandamientos. El le responde: “Maestro , todo eso lo he guardado desde
pequeño…”. Ahora se siente mejor. Por un momento se disipa la angustia.
Este hombre es un perfecto observador de la Ley y la ha practicado desde niño,
es decir, es rico también en lo religioso...
"Jesús, se le quedó mirando con cariño ". La mirada aquí es
importante. Si es consignada en el Evangelio, es porque habría sido algo
inolvidable que impresionó a los testigos de la escena. Jesús comienza a
mirarle de un modo nuevo. La mirada se hace más atenta y penetrante. La mirada
es una experiencia de intimidad, de afecto silencioso, de amor sin palabras.
Podría decirse que la mirada de Jesús es provocativa, porque trata de “llamar”, y de invitar a un
discípulo potencial. En lo profundo de ese hombre, Jesús descubre quién es en
su corazón. En el gesto de posar su mirada sobre él esta contenido todo su
amor. En esa mirada de amor está el secreto de toda una vida. Esa es la mirada
de Dios sobre todo ser humano, una mirada de amor.
Que nos dejemos alcanzar por
esta mirada de Jesús. Que nos dejemos amar por Él. Todo ser humano necesita
sentirse amado, tener la certeza de que este amor le acompaña durante toda su
vida.
Aquel individuo no hizo nada por
sostener la mirada de Jesús. Cuando dice que todo eso lo ha cumplido desde su
juventud, Jesús le invita a un paso más: "una cosa te falta: ve a vender
todo lo que tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el
cielo; anda, ven y sígueme". Jesús le viene a decir: te falta todo (en
la simbología hebrea, cuando falta una cifra es como si faltase todo). Jesús no
reconoce los méritos del piadoso rico y no lo elogia sino que le hace notar que
le falta todo, pues tanta riqueza y la constante práctica religiosa no lo han
hecho un hombre feliz. “Una cosa te falta”,
no para heredar la vida definitiva, sino para realizarte plenamente, para
encontrar la felicidad que no posees y para entrar en la verdadera alegría.
“Vea
vender todo lo que tienes”. El acento no esta en el “venderlo todo” sino en el “ven y sígueme” o sea, la invitación a una relación especial con
Jesús. Cualquier persona razonable sabe que no es posible alcanzar lo que Jesús
pide sin una profunda relación de amor con Él.
“El frunció el ceño y se marcho triste”.
El rico se aleja de Jesús lleno de tristeza. El dinero y todo lo que posee le
quita libertad y seguridad. El dinero le impide escuchar la llamada a una vida
más plena. También nosotros constatamos hoy en nuestra sociedades que si no
carecemos de nada o de casi nada, ¿qué nos pasa para que no estemos contentos?,
¿qué nos impide ser felices de verdad?. La tristeza nos avisa y corremos el
peligro de no escucharla. Ella es buena compañera porque nos revela que hay en
nosotros un anhelo mayor de vida; nuestra tristeza nos indica que nos hemos
alejado de la Fuente de la Vida. ¿Qué nos pasa que, a pesar de tenerlo todo, se
nos ve tristes? ¿Por dónde se nos va escapando la alegría del evangelio? ¿No vivimos hoy, en nuestra sociedad, una
búsqueda desenfrenada de éxito y de bienestar material? Pero, ¿cuánto dura y cuánto vale el éxito social?
"Ven y sígueme". Este “sígueme” continúa
resonando en nuestro corazón. El
“sígueme” de Jesús podemos
escucharlo siempre en distintas circunstancias de nuestra vida. Lo
importante es que permanezcamos abiertos a esta llamada interior. Él sólo nos invita, no se impone: "si quieres,
ven y sígueme". Que hoy podamos abrimos de verdad a dejarnos
amar por El, dejarnos acoger por su mirada de amor y de ternura y escuchar su llamada:
"Sígueme".. Jesús nos ofrece no una vida rica sino una vida plena y
llena de sentido.
Que en este domingo podamos
decirle: Tú sales a nuestro encuentro cada día para darnos la oportunidad de
responderte y entrar en tu alegría. Ninguna de nuestras falsas riquezas pueden
saciar el hambre de amor, de verdad y de belleza que llevamos dentro. Tu mirada
nos sigue con un respeto infinito a nuestra libertad y no conseguiremos la paz
hasta encontrarla en Ti.

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