“No se
lo impidáis” (Mc. 9, 37-42).
Con estas palabras Jesús descalifica el exclusivismo y la
intolerancia como opuestos a su seguimiento.“Dijo Juan a Jesús: Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre,
y se lo hemos querido impedir, por que no es de los nuestros”. La respuesta
de Jesús es: “No se lo impidáis”....
Lo
que importa es que el bien sea hecho. El sectarismo y la intolerancia no
tienen sitio en la comunidad cristiana. Estas palabras de Jesús son una
invitación a la tolerancia, al respeto y a la alegría por el bien, lo haga
quien lo haga. La exclusión sectaria, y la pretensión de monopolizar el bien y
la verdad son actitudes extrañas a la comunidad de Jesús. Jesús tampoco es
patrimonio exclusivo de la comunidad eclesial. Por eso, el discípulo de ayer y
de hoy ha de saber valorar y trabajar codo a codo con todo el que hace el bien
y lucha por un mundo más justo y fraterno, aunque tenga un credo distinto, no
pertenezca a su Iglesia o a su partido....
Lo único que importa de verdad es si vamos por la vida liberando a la
gente de sus penas y sufrimientos.
¿Qué
significa hoy “echar demonios”?.
Echar demonios hoy significa justamente,
liberar de las esclavitudes, y de
todo aquello que deshumaniza... echar demonios es luchar contra el mal, contra
todo aquello que impide una vida plena...
Todos los que, de alguna manera, trabajan por el
crecimiento y la liberación de la vida del ser humano “están con nosotros”....
Los cristianos, lejos de creernos portadores únicos de salvación, estamos
llamados a acoger con gozo, esa
corriente de vida que se abre camino en la historia de la humanidad, no
solo en la Iglesia sino también en todos
los ámbitos de la cultura y de los movimientos solidarios de la sociedad.
Después Jesús añade:
” el que os de a beber un vaso de
agua.... ”. Dar un vaso de agua es una expresión concreta de acogida y de
solidaridad.... Los hechos más pequeños e insignificantes, si han tenido en
cuenta a las personas y han sido una ayuda para ellas, no quedarán sin
recompensa. “Dar un vaso de agua” era el
modo de hablar de la época que no debemos de entenderlo al pies de la letra.
Jesús quiere decir que cualquier acción que ayude a los demás a ser más
humanos, beneficia primero al que lo hace. La recompensa está en la misma
acción.
A continuación,
Jesús advierte: ” El que
escandalice a uno de esos pequeños que cree en mí, sería mejor que le encajaran
en el cuello una rueda de molino.... “. Escandalizar en griego
significa “la piedra con la que se
puede tropezar “. Escandaliza todo aquel que con su actuación obstaculiza el
poder vivir una vida humana digna. En
este sentido, hoy vivimos en una sociedad “escandalosa” en la que se estimulan
actuaciones inhumanas.
Podemos preguntarnos ¿cuál
es el mayor “escándalo” de nuestro mundo? El mayor escándalo es que
permanezcamos impasibles ante la miseria e injusticia de millones de seres
humanos. La desigualdad económica y social, es hoy un gran escándalo que nos está llevando al
individualismo, a la inseguridad y a la marginación de los más débiles. La
agresividad, la violencia, las descalificaciones destructivas, el terrorismo,
son un escándalo en nuestra sociedad...
Por último, Jesús hace una llamada a vivir la radicalidad
en su seguimiento:
“Si tu
mano te pone en peligro córtatela... si tu pie te pone en peligro,
córtatelo..... si tu ojo te pone en peligro, sácatelo.... “. Son imágenes
muy expresivas de una llamada a la radicalidad en la manera de vivir el
Evangelio: cortarse la mano, cortarse el pie, sacarse el ojo cuando eso es un
obstáculo para la Vida... es una invitación a una liberación profunda de todo
mal, de todo lo que nos esclaviza y ahoga la vida en cada uno de nosotros.
Lo que Jesús quiere decir es que toda actividad
(simbolizada por la mano), todo camino (representada en el pie) o todo el deseo
(señalado en el ojo) que pone en peligro
el crecimiento de las personas hay que suprimirlo. Estas palabras nos invitan a
ser radicales, a ir a la raíz cuando lo que está en juego es entrar en la Vida
y nos enseñan que ante el don del Reino no vale la mediocridad.
El Evangelio de hoy es una
llamada a la radicalidad en el
seguimiento de Jesús. Esta radicalidad sólo es posible si vivimos de una
certeza: la de habernos encontrado interiormente con Jesús y haber
experimentado una auténtica fascinación por El y por la novedad y la belleza
del Evangelio. Este encuentro cambia profundamente nuestra vida. Sin este
encuentro vital con Jesús, no es posible vivir de esta manera; es
el encuentro con El, el que conmueve toda nuestra existencia y nos asegura una
alegría que nadie podrá quitarnos.
Que hoy podamos acoger la invitación que Jesús nos hace a
la tolerancia, a la apertura y a la radicalidad del Evangelio. Que vueltos a
El, podamos decirle: Señor, ayúdanos a tirar
los muros que nos dividen. Rompe las barreras que nos retienen lejos de
Ti y danos la fuerza para seguirte siempre.

Manuel:gracias por tu reflexión.
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