viernes, 21 de septiembre de 2012

Domingo XXV del Tiempo Ordinario


VIGESIMOQUINTO  DOMINGO T. O.  CICLO B.

“¿De qué discutíais en el camino?”  (Mc. 9, 29-36).

    Es una pregunta que Jesús hace a los discípulos caminando hacia Jerusalén y que ellos no se atreven a contestar. Los discípulos mientras caminaban discutían entre ellos quién era “el más  importante”. Ser importante constituye un deseo irreprimible en los seres humanos, también en los discípulos de Jesús.
 
            Esta pregunta de Jesús es muy importante. Jesús conoce bien el corazón humano y la ambición de poder que, a veces, nos domina y tiene interés en que sus discípulos se pongan en la verdad y que le digan de qué han hablado por el camino. Sí, es importante decirnos la verdad... La verdad sobre nuestra necesidad exagerada de reconocimiento, nuestro deseo de ser importantes, de ser los primeros... Nuestra misión sólo encuentra sentido, si la vivimos como servicio. Toda misión, todo cargo, es siempre un servicio a los demás. Se malogra cuando se convierte en necesidad exagerada de ser reconocido, de salir de la sombra, de ser el primero/a  y de dominar a los otros.  El filósofo Nietzsche en su obra: “Así habla  Zaratrustra”, propone el ideal de superhombre en contra de este valor evangélico.  La ambición de poder conduce a una situación en la que uno se impone y los demás sirven; uno es feliz y los demás, infelices; uno es vencedor y los demás derrotados... Sabemos con qué resultados se puso por obra el ideal del superhombre por  Hitler. Pero no se trata sólo del nazismo; casi todos los males de nuestro mundo se enraízan en esta gran ambición de poder que llevamos dentro.

 Dice el texto que “ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante”. Los discípulos se quedan callados. El silencio de los discípulos delata que son conscientes de que Jesús no aprueba sus ansias de poder y tienen miedo a su reacción. El texto subraya “que por el camino habían discutido”, no dice que habían hablado, o dialogado, sino que habían discutido...; la discusión revela acaloramiento y rivalidad entre ellos (ellos quieren ser los primeros, superiores, no creen en la igualdad). Pero Jesús rompe ese silencio que cierra al ser humano en su propia ambición y les dice de manera tajante:
 “Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos”. Los discípulos ambicionan el puesto más importante, cada uno quiere estar por encima de los demás, ser el primero. Jesús se sitúa en otra perspectiva y afirma que el puesto de “primero” en la comunidad no está reservado a un individuo o a un grupo, sino que lo ocupa todo aquel que se haga último y servidor de todos. De este modo, Jesús, sale al paso de la ambición demostrada por los discípulos. No admite el deseo de rango, pero sí, la aspiración a estar cercanos a Él y seguirle.

            Quien se hace último y servidor de todos, se parece a Jesús y le sigue más de cerca. Esta es la lógica del Reino. Este es el criterio de pertenencia a esta nueva comunidad. Quiere decir que se es el primero, no cuando se ocupa un puesto de relevancia, sino cuando en nuestra vida hacemos sitio para quien es insignificante y necesita nuestra ayuda. “Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos”. Esta es la orientación que Jesús señala a sus discípulos.

   Después Jesús “acercando a un niño lo puso en medio de ellos”... La referencia a un niño tiene un profundo significado, pues el niño, en aquella cultura, representaba algo pequeño, indefenso y socialmente irrelevante.
 Jesús coloca en medio, en el centro a un niño como punto de referencia. Abraza al niño, es un gesto de cariño y de identificación con él .Acoger al que no cuenta es acoger a Jesús y a Dios. Pertenecer a la comunidad de Jesús pasa por acoger y servir al último, al que no cuenta.

   La comunidad alternativa que Jesús nos propone echa por tierra los esquemas de nuestra cultura y de nuestra sociedad, siempre propensos a encumbrar al primero y a menospreciar al último. La comunidad cristiana se diferencia de cualquier otra comunidad por estos criterios evangélicos.  Las palabras de Jesús son admirables, transparentan el amor del Padre que El vivió y nos proponen  una nueva manera de vivir que nos puede hacer felices: el mayor es el servidor, el primero es el que se da a todos sin reserva. Sí, no hay mayor felicidad que ser capaz de amar de verdad.  La fuerza para vivir así nos viene de Dios que nos regala todo. Estamos invitados a vivir en la gratuidad y en la confianza, nunca pendientes de la rentabilidad.

           
            Nuestra oración hoy, puede ser: Tú, Señor Jesús, nos cuestionas ante nuestras necesidades exageradas de ser los primeros, y nos propones el camino del amor haciéndonos servidores de todos.

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