VIGESIMOQUINTO DOMINGO T. O.
CICLO B.
“¿De qué discutíais en el camino?” (Mc. 9, 29-36).
Es
una pregunta que Jesús hace a los discípulos caminando hacia Jerusalén y que
ellos no se atreven a contestar. Los discípulos mientras caminaban discutían entre
ellos quién era “el más importante”.
Ser importante constituye un deseo irreprimible en los seres humanos, también
en los discípulos de Jesús.
Esta pregunta de Jesús
es muy importante. Jesús conoce bien el corazón humano y la ambición de poder
que, a veces, nos domina y tiene interés en que sus discípulos se pongan en la
verdad y que le digan de qué han hablado por el camino. Sí, es importante
decirnos la verdad... La verdad sobre nuestra necesidad exagerada de
reconocimiento, nuestro deseo de ser importantes, de ser los primeros...
Nuestra misión sólo encuentra sentido, si la vivimos como servicio. Toda
misión, todo cargo, es siempre un servicio a los demás. Se malogra cuando se
convierte en necesidad exagerada de ser reconocido, de salir de la sombra, de
ser el primero/a y de dominar a los
otros. El filósofo Nietzsche en su obra:
“Así habla Zaratrustra”, propone el
ideal de superhombre en contra de este valor evangélico. La ambición de poder conduce a una situación
en la que uno se impone y los demás sirven; uno es feliz y los demás,
infelices; uno es vencedor y los demás derrotados... Sabemos con qué resultados
se puso por obra el ideal del superhombre por
Hitler. Pero no se trata sólo del nazismo; casi todos los males de
nuestro mundo se enraízan en esta gran ambición de poder que llevamos dentro.
Dice el texto que “ellos no contestaron, pues por el camino
habían discutido quién era el más importante”. Los discípulos se quedan
callados. El silencio de los discípulos delata que son conscientes de que Jesús
no aprueba sus ansias de poder y tienen miedo a su reacción. El texto subraya “que por el camino habían discutido”, no
dice que habían hablado, o dialogado, sino que habían discutido...; la
discusión revela acaloramiento y rivalidad entre ellos (ellos quieren ser los
primeros, superiores, no creen en la igualdad). Pero Jesús rompe ese silencio
que cierra al ser humano en su propia ambición y les dice de manera tajante:
“Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de
todos”. Los discípulos ambicionan el puesto más importante, cada uno quiere
estar por encima de los demás, ser el primero. Jesús se sitúa en otra
perspectiva y afirma que el puesto de “primero” en la comunidad no está
reservado a un individuo o a un grupo, sino que lo ocupa todo aquel que se haga
último y servidor de todos. De este modo, Jesús, sale al paso de la ambición
demostrada por los discípulos. No admite el deseo de rango, pero sí, la
aspiración a estar cercanos a Él y seguirle.
Quien se hace último y
servidor de todos, se parece a Jesús y le sigue más de cerca. Esta es la lógica
del Reino. Este es el criterio de pertenencia a esta nueva comunidad. Quiere
decir que se es el primero, no cuando se ocupa un puesto de relevancia, sino
cuando en nuestra vida hacemos sitio para quien es insignificante y necesita
nuestra ayuda. “Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el
servidor de todos”. Esta es la orientación que Jesús señala a sus
discípulos.
Después Jesús “acercando a un niño lo puso en medio de
ellos”... La referencia a un niño tiene un profundo significado, pues el
niño, en aquella cultura, representaba algo pequeño, indefenso y socialmente
irrelevante.
Jesús coloca en medio, en el
centro a un niño como punto de referencia. Abraza al niño, es un gesto de
cariño y de identificación con él .Acoger al que no cuenta es acoger a Jesús y
a Dios. Pertenecer a la comunidad de Jesús pasa por acoger y servir al último,
al que no cuenta.
La comunidad alternativa que
Jesús nos propone echa por tierra los esquemas de nuestra cultura y de nuestra
sociedad, siempre propensos a encumbrar al primero y a menospreciar al último.
La comunidad cristiana se diferencia de cualquier otra comunidad por estos
criterios evangélicos. Las palabras de Jesús
son admirables, transparentan el amor del Padre que El vivió y nos
proponen una nueva manera de vivir que
nos puede hacer felices: el mayor es el servidor, el primero es el que se da a
todos sin reserva. Sí, no hay mayor felicidad que ser capaz de amar de
verdad. La fuerza para vivir así nos
viene de Dios que nos regala todo. Estamos invitados a vivir en la gratuidad y
en la confianza, nunca pendientes de la rentabilidad.
Nuestra oración hoy,
puede ser: Tú, Señor Jesús, nos cuestionas ante nuestras necesidades exageradas
de ser los primeros, y nos propones el camino del amor haciéndonos servidores
de todos.

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