martes, 8 de mayo de 2012

VI Domingo de Pascua


  “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo” (Jn. 15, 9 -17).
    
Os invito a escuchar estas palabras de Jesús en lo profundo de vuestro corazón... Para vivir necesitamos sentirnos amados incondicionalmente por alguien. Lo que enferma la vida de no pocas personas es la falta de esta experiencia básica: la de sentirnos amados de verdad.

 Jesús nos revela la experiencia humana mas fundamental...“Como el Padre me ha amado, así os he amado yo” ¿Cómo ha amado el Padre a Jesús?
 El Padre ha amado a Jesús comunicándole la fuerza de su Amor y Jesús demuestra su Amor de la misma manera, comunicando la  fuerza de su Amor a sus discípulos y les pide que vivan en el  ámbito de ese Amor: "Permaneced en mi Amor". ¿Podremos acoger esta invitación de Jesús?

    Ciertamente, el Amor es la atmósfera que Jesús respira y la experiencia más profunda que Jesús vive y lo que les pide a sus  discípulos  es  que permanezcan  ahí, en  ese lugar del  Amor:  Jesús nos ha manifestado cómo es el amor del Padre, amándonos. Toda la vida de Jesús, sus palabras, sus gestos, su muerte y resurrección son las pruebas definitivas de su amor.

    "Os he hablado de esto para que mi Alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud. Jesús desea que vivamos su alegría y que esa alegría la vivamos en plenitud: no hay mayor alegría que la de sentirnos valiosos y amados por Dios. Esa es la verdadera alegría. Ningún ser humano puede vivir sin alegría. ¿Qué es una vida sin alegría? La alegría nace de la experiencia del amor.

     Jesús sabe que la experiencia de este Amor es el único camino que lleva al ser humano a la verdadera alegría. La verdadera alegría es algo extraño para muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo. Vivimos rodeados de objetos valiosos y prácticos pero a penas sabemos que es amar de verdad. Corremos por la vida absorbidos por mil proyectos y ocupaciones y al final nos sentimos vacíos.

      Jesús concluye: "Este es mi Mandamiento  que os améis unos a otros como Yo os he amado". Hay que subrayar que cuando Jesús habla del mandamiento usa el adjetivo singular “mi”. El mandamiento es el suyo porque es El quien nos lo ha dado con su palabra y su vida. Por eso añade: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. 

    "Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que os mando. Ya no os llamo siervos, sino amigos...". La diferencia entre el siervo y el amigo está en la ausencia o en la realidad de la confianza. Jesús no tiene secretos para con sus discípulos. “Todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Lo que Jesús ha oído al Padre es su designio de amor y de vida sobre todo ser humano. Él ha venido a ofrecernos su amistad.

      Estamos atravesando un  momento en el que todo el mundo está luchando por una situación económica muy preocupante. Los cristianos somos conscientes, en estos momentos difíciles, de la necesidad de comprometernos más solidariamente con los necesitados. En España el 22% de los hogares españoles está por debajo del umbral de la pobreza; la exclusión social afecta al 25% de la población; el 30% de los hogares tiene dificultades para llegar a fin de mes; en 580.000 hogares no reciben ingresos ni del trabajo ni de la prestación por desempleo; la tasa de paro (23%) es la más alta de la Unión Europea…
       En estos tiempos de recortes, como han pedido muchos, entre ellos muchas comunidades cristianas, no es justo privar a los inmigrantes de la tarjeta sanitaria. Tenemos que seguir contribuyendo con nuestra ayuda material a paliar las necesidades de los más empobrecidos y hacer resonar nuestra voz solidaria en estos tiempos de desolación.

        Que hoy  podamos acoger en nuestro corazón la invitación de Jesús: "Permaneced en mi amor" y decirle: gracias, Señor, Tú nos has amado como nadie nos puede amar. Que tu amor ilumine nuestros ojos para reconocerte en cada rostro humano.

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