miércoles, 22 de febrero de 2012

Primer Domingo de Cuaresma


 "El Espíritu empujó a Jesús al desierto".  (Mc. 1,12-15)
           
               Hoy contemplamos  a Jesús en el desierto...   Lo primero   que nos llama la   atención es  que “el Espíritu  empujó a Jesús  al desierto”; "empujar" indica el impulso   interior que Jesús siente por dentro y que lo  lleva al "desierto”. Nosotros podemos preguntarnos: ¿Nos  dejamos “empujar”   por el Espíritu, o  nos  dejamos llevar por nuestras ambiciones, por  nuestras necesidades, nuestros intereses personales?  ¿Qué  mueve, en el fondo,  nuestra vida?

  El desierto es el lugar del combate contra las fuerzas del mal y del encuentro con Dios.  El desierto  representa a  la sociedad judía, con  la que Jesús no comparte  sus valores y en la  que Jesús va  a realizar su misión liberadora en  fidelidad al “designio” del  Padre. El hombre contemporáneo huye del desierto, le asusta la soledad y la ausencia de sonidos y estímulos visuales. Sin embargo, el desierto es un lugar fecundo, en el que podemos percibir la grandeza de Dios y el valor relativo de todo lo demás.   El «desierto» es, al mismo tiempo, el mejor lugar para escuchar, en silencio y soledad, la voz de Dios.
Dice  el texto: “se quedó en el desierto cuarenta  días  dejándose   tentar  por   Satanás; vivía   entre  alimañas y   los  ángeles le servían".

  “Se quedó en el desierto cuarenta  días. Marcos no nos cuenta una por una las tentaciones de Jesús ni las reacciones de Jesús al tentador, como los  demás evangelistas, sino que nos dice simplemente, “que se quedó en el desierto  cuarenta días”...  “ Los cuarenta  días” de Jesús   en el   desierto  hacen referencia a la estancia de Israel en el desierto camino de la libertad. Los cuarentas días significan el proceso de liberación de Jesús en la manera de vivir su misión en la fidelidad al Padre.
 
Dejándose tentar por Satanás”, pero durante todo  ese tiempo, Jesús  tendrá que luchar contra la tentación del poder, simbolizado en "Satanás". Satanás es el símbolo de la ambición de  poder que se esconde dentro de cada ser humano. Es impresionante contemplar a Jesús tentado como un hombre cualquiera. Para nosotros la tentación tiene un sentido diferente, pero el sentido que tiene en el Evangelio  es más bien una prueba que hay que superar. Podemos imaginar a Jesús en el desierto, tentado, débil,  sometido a las crisis, a la oscuridad, pero a la vez, firme en su camino de fidelidad al Padre.

Dentro de la sociedad judía, representada en el  desierto, la  tentaciones de  Jesús serán   las personas  que intentarán desviarlo del camino del amor y de la entrega  de su propia vida y lo invitarán a elegir el camino del triunfo y del poder para realizar su misión. Las tentaciones, serán también los  falsos valores que  Jesús encuentra en su época y que son los que se cotizan hoy también.  Jesús permanecerá fiel al Padre en todo. En esa fidelidad radical, vencerá toda tentación. 
         
    “Vivía entre alimañas y los ángeles le servían”. Jesús se encuentra tranquilamente con los animales feroces del desierto. La armonía con los animales feroces y el servicio de los ángeles ponen de relieve la victoria de Jesús sobre Satanás: se presenta a Jesús como el vencedor y el desierto vuelve a florecer como un lugar de encuentro, de comunión y de intimidad con Dios. Hay que subrayar que “las alimañas” representan todas nuestras interferencias personales, como son nuestros miedos, necesidades, nuestras ambiciones que dificultan  vivirnos ene la fidelidad a Dios. También apareen “los ángeles” que son las luces, las invitaciones y las personas que nos ayudan en nuestro camino. Nosotros también convivimos en nuestra vida con las alimañas, fieras feroces y con los ángeles que os alientan a continuar con esperanza.

         Termina el  Evangelio de este Domingo   poniendo de  relieve lo   que Jesús decía al comienzo de su predicación: "Se ha  cumplido el plazo. Está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en la Buena Noticia".

         Se ha cumplido el plazo. Esta expresión índica  que se avecina un tiempo  nuevo.   Que  se ha  cumplido  el  plazo señalado   por  Dios. El momento ha llegado porque Jesús ha aparecido  en esta  tierra. Nuestras aspiraciones más profundas pueden realizarse.  El tiempo humano es la oportunidad de llegar a vivir como hijos de Dios, en la confianza y en el abandono a Él.
            “Está cerca el Reino de Dios”. Dios esta cerca,... En Jesús, en sus palabras y en sus gestos ya está presente el Reino de Dios. Jesús es el Reino de Dios presente en medio de nosotros. La gran esperanza de la humanidad está aquí y ahora. Y eso es lo que Jesús anuncia como presente. Él es una Presencia en nuestras vidas.
            Convertíos  y creed en la Buena Noticia”... “Convertíos”, que quiere decir,  cambiad de dirección, de manera de ver las cosas. Somos invitados, en esta Cuaresma, a una profunda conversión, una conversión del corazón. Si el corazón del hombre no es bueno, ninguna otra cosa puede llegar a ser buena y la bondad del corazón sólo puede venir de Aquél que es la Fuente de toda bondad y de todo bien.                   

         Podemos dirigirnos hoy a  Cristo Resucitado diciéndole: Señor, fortaleza del que está tentado, ilumina y fortalece  nuestro corazón para que seamos capaces de mantenernos en la fidelidad a Ti.  Señor, paz del que se confía a Ti, acógenos una vez más. Conviértenos hoy a Ti.

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