miércoles, 23 de noviembre de 2011

Primer Domingo de Adviento


               "Mirad, vigilad, pues no sabéis cuando es el momento". (Mc. 13,33-37).

         Estas palabras de Jesús en el Evangelio de este primer domingo de Adviento son una invitación a la vigilancia. Nos ponen de relieve cuál tiene que ser la actitud del discípulo de Jesús: El permanecer despiertos, vigilantes, en vela, respecto al "momento”. ¿De qué “momento” se trata?  De la venida del Señor. Sí, el Señor viene constantemente a nuestra vida y un día vendrá de manera definitiva. El sigue viniendo en cada momento a nuestra vida. Si dormimos, no lo oímos; si huimos, no lo encontramos. Sólo el que permanece en vela, despierto, vigilante, lo encuentra.
          “Pues no sabéis cuándo es el momento”. En griego hay dos palabras que traducimos al castellano por tiempo: “kairos” y “chronos”. “Chronos” significa el tiempo que pasa, los días, las horas que marca el reloj. “Kairos” significa el momento oportuno,  el momento como oportunidad de vivir, de crecer, de salvación y Vida. El Evangelio habla de “kairos”, es decir, del tiempo oportuno de acoger la salvación de Dios.

           “Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejo su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara”. Como el portero se nos ha hecho el encargo de velar. El regreso del dueño puede ser de improviso.

          En este pasaje del Evangelio de hoy se repite tres veces el verbo “velad” y una vez el sinónimo “vigilad”. Y también se menciona el verbo contrario: “estar dormidos”. Es una llamada a estar despiertos, con los ojos bien abiertos, lúcidos de nosotros mismos y lúcidos de lo que pasa alrededor nuestro...

           “Velad entonces, porque no sabéis cuando vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al canto del gallo, o al amanecer”. 

         Eso significa “velad”, o estar despiertos. Y Jesús insiste que hay que permanecer en vela siempre; “al atardecer, a media noche, al canto del gallo, al amanecer..."  (eran  las cuatro vigilias en que se dividía la noche en aquel tiempo). Permaneced en vela  siempre... Esto quiere decir que no se puede vivir adormecidos. El Señor (que viene siempre), sabe que tenemos tendencia al sueño y a la modorra. Que vivimos distraídos, descuidados, alienados y la Vida se nos escapa. Y Dios puede venir en cualquier momento. Sí, Él se hace presente en cualquier momento y circunstancia de nuestra vida. Y necesitamos estar despiertos para reconocerlo y acogerlo en nuestro corazón. Hoy seria bueno preguntarnos: ¿estamos despiertos o nos hemos ido durmiendo poco a poco? ¿Vivimos atraídos por Jesús y por el gozo de su Evangelio o distraídos por toda clase de cuestiones superficiales? ¿lo reconocemos en el rostro de  los pobres, de los enfermos, de los que sufren y en el Pan de la Eucaristía?

          Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos, ¡velad!”, así termina el Evangelio. Sólo así podremos descubrir su Presencia en nuestra vida y en el mundo. Corremos el riesgo de pasarnos la vida entera enrollados en mil intereses superficiales, ajenos al Reino de Dios y al sentido más profundo de nuestra vida. Son muchos los hombres y mujeres que caminan por la vida sin meta ni objetivo, con el peligro de no descubrir nunca una fuerza interior que los despierte de su indiferencia, pasividad y superficialidad cotidiana. Quien trate de escuchar abierto el mensaje de Jesús en el Evangelio de hoy es fácil que perciba en el fondo de su ser como una llamada a despertar, y a vivir con lucidez y con una fuerza capaz de humanizar y dar sentido y gozo a su vida.

            El Señor puede venir en cualquier momento...  Y necesitamos esperarlo, con las puertas abiertas de par en par, con los ojos liberados de la pesadumbre y el corazón abierto a su Presencia. Ni el miedo, ni la angustia, ni el agobio, ni la despreocupación, ni la evasión son buenas actitudes para esperarlo. Solamente cuando los cristianos vivimos comprometidos en el presente con lucidez, de manera positiva, trabajando por una sociedad más justa y fraterna podemos ayudar a otros a ver signos de esperanza en el horizonte de la vida: el Evangelio tiene plena actualidad, es Buena Noticia que libera,  llena de sentido y alegría nuestro caminar.

             "Ojalá rasgases el cielo y bajases...” (Is 63,16-17) dice el texto de Isaías, de la primera lectura. Es una oración, en una situación ruinosa material y moral del país, después de regresar de Babilonia. Así deseaba Israel la salvación. En el fondo del corazón de cada uno de nosotros deseamos también que el Señor venga. También le podemos decir que “se rajen los cielos y que bajes”... Sabemos que vienes, y sin embargo, necesitamos que en este momento de crisis que atraviesa el mundo, tomemos conciencia de que vienes siempre... de que no estamos solos, dejados a  la deriva...  ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases...!
 
      Si bajases, la noche sería clara como el día y desaparecerían nuestros miedos, nuestras tristezas, nuestras desesperanzas y nuestro pesimismo...
      Si bajases, romperías todas nuestras cadenas y se acabarían todas nuestras esclavitudes y se abrirían todas nuestras cárceles interiores, porque Tú traes la verdadera libertad...
     Si bajases, se terminaría el hambre, la miseria y la violencia en el mundo...

      "Ojalá rasgases el cielo y bajases".
     ¡Ven Señor!: Es la oración del Adviento que resuena durante estas cuatro semanas de preparación a la Navidad. Ven Señor.¡ Marana Tha ¡
      Ven para los pobres, para los indefensos, para los hambrientos de  pan y de justicia.
      Ven para los refugiados, para los inmigrantes, para los que no tienen trabajo, para los que no cuentan en nuestra sociedad... Ven para todos los que sufren... Ven para tu Iglesia... Ven para el mundo entero,  este mundo que es tu casa y enciende el fuego de la esperanza para todos. Sólo Tú, Señor Resucitado, con tu venida, puedes devolver a este mundo la esperanza que tanto necesitamos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario