“Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; Como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor” (Mt. 25, 15).
Estas palabras expresan la felicidad profunda de aquel que ha hecho fructificar sus dones. Jesús cuenta esta “historia chocante” para llamar la atención de los que escuchan y hacerles reflexionar…
La parábola de los talentos nos invita a tomar conciencia de la grandeza de la llamada a la vida y de la responsabilidad que esta llamada comporta. En efecto, con frecuencia nos damos cuenta de que el Padre nos ha confiado un tesoro inestimable y lo dejamos inactivo, sin que dé fruto abundante.
Los talentos de la parábola son el símbolo de unos dones que hemos recibido de Alguien y estamos llamados a hacerlos crecer…
Desde el inicio, en la imagen de la ausencia del hombre que sale de viaje, se nos recuerda nuestra responsabilidad de cultivar, y desarrollar estos dones y, particularmente, el don de la Vida que nos ha ofrecido Jesús.
El amo nos da los talento, nos los entrega: “señor, me diste”. Tenemos que pedirle que nos enseñe a reconocer sus dones.
Los tres casos que presenta esta parábola son significativos… Dos de ellos, los criados, negocian y consiguen uno cinco talentos, otro dos talentos…y ambos son felicitados y recompensados igualmente, no como un premio sino como una participación en la alegría definitiva de Dios: “pasa al Banquete de tu Señor”. El tercer siervo dice: “tuve miedo”: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y escondí tu talento en tierra”. El tercer siervo conserva y entrega lo recibido sin hacerlo fructificar… El miedo frena, el miedo nos bloquea y nos impide vivir nuestros dones, hace que los enterremos. No hemos de olvidar que el tercer siervo de la parábola es descalificado, no porque haya cometido maldad alguna, sino porque se ha limitado a conservar estérilmente lo recibido, impidiendo su crecimiento, a causa del miedo. La clave de la parábola está en el miedo, que tuvo el empleado asustadizo y cobarde, el que recibió un solo talento. La imagen que este individuo tenía de su señor era terrible. Una imagen que le daba miedo. Y el miedo fue su perdición. Porque el miedo, repito, nos paraliza, nos bloquea y nos hace estériles. Alguien lleno de miedo no produce nada y, por el camino del miedo, malogramos nuestra vida.
Esta parábola es una invitación a vivir en la confianza y no en el miedo. Quien vive tan atenazado por el miedo como el tercer siervo de la parábola malogra su vida. Jesús viene a disipar nuestros miedos y nos abre el camino de la confianza, de una confianza renovada cada día.
“Señor, sabia que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces” . Esta parábola subraya la imagen negativa que tiene este empleado de su señor: Dios no es un tirano que nos atemoriza buscando egoístamente su propio interés, sino un Padre que confía a cada uno el gran regalo de la vida. ¡Cuántas imágenes terribles de Dios paralizan nuestra vida y dificultan nuestro crecimiento! Este siervo encarna a aquel que tiene una visión negativa de Dios, como “señor exigente” que no tolera el mínimo error y siente miedo a este Dios.
Jesús quiere decir a sus oyentes: “Si tenéis una imagen negativa de Dios, si os imagináis a Dios como exigente y como un Dios arbitrario que cosecha lo que no siembra, entonces, malograréis vuestra vida”. Tenemos mucho que aprender de esta parábola… ¿Qué tenemos que aprender?
En primer lugar, venimos a este mundo con un potencial de vida que Dios ha puesto en nosotros. Nadie carece de valores, somos un potencial de riqueza: cualidades de corazón, de relación, de acción, de inteligencia, etc. son nuestros dones, nuestros talentos. Todos hemos recibido talentos. Todos tenemos cualidades que pueden hacer felices a los demás. Estoy seguro de que entre todos los que estamos aquí, encontraríamos muchos talentos que se podrían poner al servicio de la comunidad. Tal vez, podríamos preguntarnos: ¿qué necesitaríamos mejorar de la convivencia en casa?, ¿qué podríamos hacer para vivir mejor nuestras relaciones?, ¿qué tendríamos que hacer para que nuestra comunidad sea más viva?
Todos hemos recibido muchos “talentos” (cualidades), y estamos invitados a desarrollarlos y ponerlos al servicio de los demás: en nuestra familia, en nuestras relaciones, en nuestro trabajo, en nuestra comunidad... Pero el mayor “talento”, el mayor don es el haber encontrado a Jesús y haber conocido la belleza del Evangelio, el mayor talento es la certeza de que somos amados y que Dios nos quiere felices. El mayor talento es Dios mismo que se nos ha manifestado en el rostro de Jesús como amor hasta la exageración y que nos ha dado su Espíritu como aliento y fuerza para amar de esta manera.
Ciertamente, vivimos un momento de crisis: crisis económica y crisis de valores; ciertamente, la actual crisis financiera pone de manifiesto una profunda crisis espiritual y un conjunto equivocado de valores y es también un momento oportuno para preguntarse qué tipo de sociedad y de mundo queremos construir. Es una buena oportunidad de volver a redescubrir a Jesús y la profundidad, la belleza y la fuerza liberadora del Evangelio. Es un momento en el cual se nos exige la lucidez necesaria para cambiar de rumbo y edificar un mundo sobre otras bases más sólidas.
Hoy, vueltos al Señor Resucitado podemos decirle: Tú, Señor, nos invitas a negociar lo mejor de nosotros mismos. Tú sigues esperando que crezcamos en todo lo bueno que hay en cada uno de nosotros. Tú eres nuestro más hermoso talento.

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