miércoles, 1 de mayo de 2013

VI Domingo de Pascua



     "El que me ama guardará mi palabra”. (Jn. 14,23-29).

        El amor a Jesús es la condición indispensable para guardar su palabra. El amor a Jesús nos hace identificarnos con El,  actuar como El y  amar como El...  Eso es guardar su palabra.
        
     “Vendremos a él y haremos morada en él”. Dios visita nuestra vida. Así que, Dios no vive en casas de piedra ni en recintos sagrados, sino en el corazón de cada ser humano.  Vive en lo más íntimo de nosotros mismos. Esta es la Buena Noticia: Que Él nos ama, que Él está con nosotros para siempre ¿A qué o a quién vamos a temer? ¿Qué más podemos desear?. Queda superada nuestra soledad radical. Ya nunca podemos sentirnos solos o solas, porque ahí donde nos sentimos solo/a, El es una compañía; sí, El es una compañía en lo más profundo de nosotros mismos.

      Después, Jesús añade: “el Defensor, el Espíritu Santo, será quien os lo enseñe todo”...  Jesús no nos ha dejado  solos, no estamos solos, Dios nos  ama a cada uno sin distinción y  permanece unido a todo ser humano. No podemos, por tanto, sentirnos huérfanos. El, por su Espíritu, nos acompaña siempre.  El es quién nos lo enseña todo, El nos lleva a una comprensión profunda de su mensaje, que llena de sentido y de alegría nuestra vida cada día.

     Jesús concluye su despedida con unas palabras preciosas: "La paz os dejo, mi paz os doy: no os la doy como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde". La palabra utilizada por Jesús “shalom”. Con ella los judíos se saludaban  y todavía se saludan entre sí;  con ella saludó Jesús Resucitado a los discípulos la tarde de Pascua . La paz está en muchísimas ocasiones en boca de todos, es un deseo profundo
del ser humano: vivir en paz. Todas las personas de buena voluntad queremos vivir en
paz, en una sociedad en paz, en un mundo en paz; pues bien, ese es el futuro
y hacia esa meta caminamos. ¿Quién nos lo garantiza?

     “No os la doy como la da el mundo”. No es la paz del mundo, que proviene de los que han vencido… Para Jesús es la paz fruto del amor. No se puede soñar una paz digna mientras se acreciente la injusticia en el mundo.

      ¿Puede existir la paz en el mundo cuando millones de seres humanos son excluidos?. Frente a esta cultura de la violencia que excluye, necesitamos promover hoy una cultura de la paz. 
      
      En nuestro mundo de hoy los cristianos necesitamos volver a escuchar de manera nueva las palabras de Jesús: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”.  ¿Por qué es tan difícil la paz?  ¿Por qué volvemos una y otra vez al enfrentamiento y a ala agresión mutua? Con un corazón lleno de resentimientos, de intolerancias y de dogmatismos, no podemos construir la paz. Sólo hombres y mujeres de paz pueden sembrar la paz en nuestro mundo.
      
      Esta paz que Jesús nos deja comienza en nuestro propio corazón, necesitamos desarmar nuestro corazón, despojarnos de la ambición posesiva, de movimientos interiores de violencia, de agresividad, de distancias.... En nuestro corazón hay muchas dificultades que provocan divisiones, resentimientos y rencores, pero el Señor nos ha prometido su Paz que puede vencer todos los obstáculos y superar todas nuestras barreras. Sí, esta paz, comienza antes de nada en nuestro propio corazón. Es nuestro corazón el que necesita una paz interior. Que la paz comienza por uno mismo y en uno mismo, conviene recordárnoslo siempre.

     Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde”. Jesús quiere liberarnos del temor y de la inquietud que nos paralizan. Es como si nos dijera: estaré muy cerca de vosotros, no os abandonaré nunca, nada podrá destruir mi amor por vosotros. “Que no tiemble vuestro corazón”. Qué fácil es decirlo pero, ¿cómo calmar la ansiedad, la inquietud, el nerviosismo y el estrés que nos devora a todos y nos impide disfrutar de esa paz ofrecida siempre.?

      “Me voy, pero volveré a vosotros”. Jesús es consciente  de que su  muerte se acerca con paso decidido. Apenas le quedan un número escaso de  horas de estar con sus discípulos. Después, vendrá su  muerte. Es como si Jesús  les dijera: “Soy un hombre limitado como vosotros, sujeto a la misma finitud que vosotros. Pero ,”volveré a vosotros”.

      Sí, Cristo, Tú has vuelto a nosotros,  por tu Resurrección, eres una Presencia en nuestra vida. Señor, que nuestro corazón pueda percibir la claridad de tu Presencia y que podamos entablar contigo  una relación de amor  que no  termine nunca, Fuente de Paz y alegría.
                                                               

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