“Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se
presentó en la orilla”. (Jn. 21, 1-13).
El
Resucitado aparece en el marco incomparable del mar de Tiberíades a una
comunidad rota y decepcionada por el escándalo de la cruz. Nunca pensaron que
volverían a encontrarse con El. “Estaba
ya amaneciendo”, la luz del amanecer coincide con la Presencia de Jesús
Resucitado: Jesús es la Luz del mundo, su Presencia es el Día que nos permite
vivir nuestra vida con sentido. El Resucitado es como la luz del sol al
amanecer que disipa nuestras sombras. Estaba allí cuando comenzó a amanecer,
había estado toda la noche, pero no supieron reconocerlo. Ahora, al clarear el
día, aparece su silueta en la orilla del mar, es el amor incondicional de Jesús
Resucitado. El drama de nuestras vidas es que no sabemos reconocerle cuando El
sigue estando presente ene la orilla; El es el amigo que se hace visible al
amanecer el día.
“Aquella noche no cogieron nada” .Los discípulos habían vuelto a la
pesca (después del fracaso de la cruz). Y “aquella
noche no habían cogido nada.” La
noche representa la ausencia de la luz, que es Jesús Resucitado, y en
esa ausencia no podemos nada, son El todo se hace oscuro. La noche había sido dura y larga en la barca.
Habían lanzado la red una y otra vez, para sacarla cada vez más vacía... Todo parecía ponerse en contra de
estos viejos pescadores, habituados al lago de Galilea... A veces, en nuestra
vida, parece que todo se nos pone en
contra y nuestras redes están vacías, nuestras vidas, a veces, están terriblemente vacías.
Jesús Resucitado
se hace presente en la orilla de la playa. Jesús está en la playa, el límite
entre la tierra y el mar. No necesitamos ir a buscarlo lejos; Él viene a
nuestra vida, viene donde cada uno estamos..
.
De repente, se oye una voz:
“Muchachos” Llega el amanecer. En la
orilla, se percibe la silueta de Alguien que les llama: “muchachos, ¿tenéis pescado?.. El término”. “Muchachos... esta lleno de cariño
Esta expresión les traslada a los tiempos de su juventud: “muchachos”...
Y quizá, inconscientemente, a aquel momento en que se sintieron seducidos por
El y lo dejaron todo para seguirle.
Jesús les pregunta si tienen
algo para acompañar el pan. Si tienen algo con qué alimentarse. (El alimento de
Jesús consiste en llevar a cabo la obra del Padre). Eso es lo que Jesús
pregunta a los discípulos..: “muchachos,
¿tenéis pescado?”. A esta pregunta, los discípulos responden secamente
todos a una: “no”, mostrando su
decepción. En la ausencia de Jesús, no pueden realizar la obra del Padre...
(“sin mí, no podéis hacer nada”) Cuando nos limitamos a hacer cosas, incluso
aunque nuestra jornada esté repleta de trabajos, de carreras, de citas, al
final nos encontramos vacíos y desilusionados; los resultados son
decepcionantes, nos falta algo, nos falta Alguien. Nosotros también necesitamos
preguntarnos: ¿Qué alimenta nuestra vida, qué la sostiene y la llena de
sentido?
Jesús tiene confianza en
ellos y les grita: “Echad la red a la derecha”. Hace falta cambiar
la dirección, ver y hacer las cosas de otra manera. Jesús les indica el lugar
donde hay que echar las redes, como la orientación... Necesitamos escuchar en
nuestro interior la dirección del Espíritu.
Si no escuchamos esta buena dirección podemos elegir la parte equivocada. Para
los judíos, el lado derecho es “la bendición de Dios”... A los discípulos faltándoles la intuición del Espíritu, no
habían acertado en la buena dirección. Los discípulos siguen la indicación de
Jesús y la red se llena de peces. En nuestra vida pasa igual, cuando hacemos
nuestra parte, Dios nos da sobreabundantemente. El milagro no son los peces,
son sus corazones transformados, llenos de esperanza.
“Y aquel
discípulo a quien Jesús quería, le dice
a Pedro: “es el Señor”. Hay que subrayar que el discípulo a quien Jesús tanto quería es el
que reconoce la Presencia del Señor. Sólo este discípulo descubre la Presencia
del Resucitado y Pedro no; sólo el que tiene la experiencia del amor de Jesús,
sólo el que se siente amado de verdad, es capaz de vislumbrar el misterio de
esta Presencia: “Es el Señor”. Nuestra tarea es descubrir su Presencia. Su
imagen, a veces, queda un poco borrosa pero “es el Señor”. Tal vez no seamos conscientes, pero es el Señor, El
viene siempre a nosotros y es imprevisible. Lo mismo puede presentarse en la
noche que en el día. Lo mismo se manifiesta en el trabajo, en la familia, en
nuestras relaciones, en nuestro gozo, o en los momentos de sufrimientos y de
oscuridad. Necesitamos abrir bien nuestros ojos y reconocer su Presencia.
“Al oír que era el Señor, Simón
Pedro, que estaba desnudo, se ató la
túnica y se echó al agua”. Pedro no había percibido la Presencia del Señor
Resucitado, (como nosotros a veces), pero al oír lo que le dice el otro
discípulo, intuye. Entonces, “se ató la
túnica y se echó al agua” para expresar su disposición a dar la vida. Pedro
es el único que se tira al mar por ser el único que ha de rectificar su
conducta ante Jesús; los demás no se habían resistido como él hasta el final,
(negándole tres veces), al amor de Jesús. Su gesto simboliza una nueva actitud
ante Jesús. ¿No tendríamos nosotros que hacernos disponibles como Pedro y
tirarnos al agua, es decir, renovar nuestra confianza y adhesión a Jesús en
esta Pascua?
“Al saltar a tierra, ven unas brasas, un pescado encima y pan”.
En la
tierra, lo primero que ven estos discípulos no es a Jesús sino las brasas, el
pescado y el pan. Cuando la noche no nos
ha dado nada, El nos espera con unas brasas encendidas, símbolo del fuego de su
amor. Las brasas, el pescado y el pan, son las expresión del amor de Jesús Resucitado hacia todos nosotros. Las brasas,
el pescado y el pan son también símbolos
de la Eucaristía. Sí, la Eucaristía es la señal de su acogida y de su amor a
todos nosotros; el misterio de su Presencia en nuestra vida.
El
Evangelio termina con la invitación de Jesús: “Vamos, almorzad”. Jesús nos
invita a tomar su alimento, la Eucaristía. Este alimento es la muestra perenne
de su amor... El se acerca al amanecer
para llenarnos el corazón de esperando, después de tantas noches bregando con
las redes vacías.
Hoy
podemos decirle: Señor,
deseamos abrirnos a Ti y desafiar la noche oscura... Sin Ti, sin tu Presencia
viva no podemos nada. Nuestra red sigue estando vacía y no sirve para nada el
esfuerzo de echarla una y otra vez... Ayúdanos a trabajar sin cesar por un
mundo más justo y solidario. Haz que al amanecer de cada día renovemos nuestra
confianza en Ti y el deseo de seguirte siempre.

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