martes, 12 de febrero de 2013

Miércoles de Ceniza


Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc. 1, 1-15)

       Estas palabras tomadas  del Evangelio de Marcos se nos dicen hoy en el momento de recibir el signo de la ceniza. En este miércoles con toda la Iglesia comenzamos nuestro camino  cuaresmal, un camino de conversión para llegar a la Pascua con un corazón renovado.  La antigua fórmula de imposición de la ceniza tomada del Génesis dice:   "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás".

       La ceniza nos recuerda que nuestra existencia humana esta limitada por la muerte. Nos recuerda que somos seres frágiles y mortales.  Nuestros cuerpos son mortales, es decir, están marcados por la ineludible realidad de la muerte. Pero no para caer en la desesperación sino para acoger, en nuestra mortalidad, la increíble cercanía de Dios que, mas allá de la muerte, nos abre las puertas de la Resurrección y de la Vida..

     El tomar la ceniza es un gesto de humildad que quiere decir: reconozco lo que soy, criatura frágil, limitada, hecha de tierra. Hoy somos invitados a tener presente nuestra propia condición mortal. Eso quiere decir que no podemos vivir absolutizando esta vida y construyéndonos sobre falsos valores. Esta Cuaresma es especial. Estamos viendo como el sistema económico y social que hemos construido se derrumba. También como la corrupción nos ahoga. Necesitamos de una verdadera conversión.

      Impulsados por la ideología neoliberal, el dinero se ha convertido en un ídolo de inmenso poder que deshumaniza cada vez más a quienes le rinden culto. Este sistema nos hace esclavos del ansia de acumular. Todo es poco para sentirnos satisfechos. Necesitamos más productividad, más consumo, más  bienestar, más poder sobre los demás. Los poderes financieros siempre sienten necesidad de más y caemos en la tentación de someter todo a la producción de más riqueza. Hoy se nos advierte del riesgo que es vivir absolutizando este sistema. La Cuaresma que hoy comenzamos cuestiona esa manera de vivir.
     Al comenzar esta Cuaresma somos llamados a una profunda conversión: “Convertios creed en el Evangelio”.  Se trata de una invitación a un cambio en profundidad de nuestra vida y una adhesión a Jesús, que es el “Evangelio de Dios”. Creer en el Evangelio equivale a acoger el Amor de Cristo que nos “ha amado hasta el extremo”.
    “Convertíos” . Cambiad de manera de pensar y de actuar. Dios no puede cambiar nuestra sociedad sin que nosotros cambiemos personalmente. Todos somos urgidos en estos tiempos difíciles a una verdadera conversión.

    “Creed en la Buena Noticia”. Necesitamos como nunca acoger la Buena Noticia del Evangelio de Jesús. Esta Buena Noticia que está fuera del sistema en que vivimos. Necesitamos creer en el poder transformador del Evangelio. No estamos solos, Dios está sosteniendo nuestra vida y el clamor de todos los que sufren en esta situación difícil que atravesamos.
       En  el Evangelio  de hoy Jesús nos propone tres medios para combatir con eficacia el  mal del mundo: la limosna, la oración y el  ayuno. Eran las  prácticas  religiosas  de la  época de Jesús...

    “Cuando hagas limosna...”,  La limosna a la que se nos invita es la solidaridad, el compartir nuestros bienes en un mundo donde crece el hambre y la injusticia. Esta cuaresma es una ocasión para hacernos solidarios con quienes sufren la crisis económica y que lo están pasando tan mal. La idolatría de los bienes hace  al hombre  infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de vida y de felicidad.
    
    “Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto...”: En la oración Jesús nos invita a retirarnos a nuestro interior, a retirarnos  a nuestro “cuarto”, en el original era el local de la casa inaccesible a los extraños, el cuarto trasero,... esto significa que  se trata de entrar en una profunda relación con Dios, mirar la vida desde ahí, con los ojos del Padre, como lo hizo Jesús.  “Cierra la puerta.”  Ha llegado el momento de cerrar con cuidado la puerta y aceptar esa mirada del Padre que vela sobre cada uno de nosotros, se trata de hacer silencio para acoger llamada a la conversión. 

     “Cuando ayunéis...”:   El ayuno cuaresmal no es para estar en forma ni para reducir peso, ni para mejorar nuestra imagen.  Es una crítica a los excesos de nuestra sociedad de consumo en la que estamos inmersos, sí, es una crítica a nuestros excesos que dejan sin lo  imprescindible a la mayoría de los  seres humanos en esta tierra donde 870 millones de personas pasan hambre.

    Que nuestra Comunidad  haga espacio al Espíritu... En este comienzo de la Cuaresma tal vez podríamos preguntarnos: ¿qué pasos de conversión personal necesito hacer?. Hoy puedo repasar mi vida y ver en que direcciones necesito avanzar.

     Al comenzar nuestra Cuaresma en este miércoles de ceniza nos volvemos al Señor con las palabras del Salmo de la liturgia de hoy: “Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme... devuélveme la alegría de tu salvación” (Sal.50). 

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