"Este
es mi Hijo, el escogido, escuchadlo".
( Lc. 9, 28-36).
Estas palabras tienen hoy un eco
especial al contemplar el misterio de la Transfiguración del Señor. Por un
instante, los discípulos contemplan la maravilla del Rostro de Jesús que
transparenta el resplandor de la Vida. El Evangelio de hoy nos invita a entrar
en la experiencia gozosa de la presencia
y del amor de Dios en nuestra vida.
Comienza diciendo: "que Jesús se llevó a Pedro a Santiago
y a Juan a lo alto de una montaña para orar". Es decir, Jesús elige a los tres discípulos
más representativos para mostrarles el
estado final del ser humano: la Transfiguración, aquello a lo que está
llamada toda la humanidad: la plenitud de la
vida; todos estamos llamados a participar en el misterio de la
Transfiguración, a ser transfigurados, a llegar
a una vida plena... El estadio
último de la vida humana es la Transfiguración... Necesitamos superar nuestras
dudas y temores, necesitamos también subir a lo alto de la montaña y tratar de ver con más claridad, la
Luz de la esperanza.
"Lo alto de una montaña alta" significa el lugar del
encuentro con Dios, y de la transformación humana.
La montaña no está fuera, sino dentro de nosotros. Es un lugar interior donde necesitamos
encontrarnos de verdad. Jesús
también necesitaba a veces, retirarse a esa montaña
alta para entrar en una relación profunda con el
Padre, con lo esencial de su
Vida. Todo sucede en lo alto de una montaña
(que no es un lugar sino una experiencia interior)
y es ahí,
dentro, en lo profundo de
nosotros mismos donde renace
la esperanza y encontramos las fuerzas para remontar
nuestras crisis y los momentos difíciles
de nuestra vida. ¿No
necesitamos nosotros también retirarnos a lo alto de una
montaña? ¿No necesitamos también, de una profunda relación con Dios
que transforme nuestra
vida?.
Dice el texto evangélico que, “mientras
oraba el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de blanco".
El rostro de Jesús resplandecía con toda la luz de Dios.... Nuestros cuerpos
como el cuerpo de Jesús transfigurado, están llamados a dejar pasar la luz; la
luz de Dios tiene que pasar a través de nuestros cuerpos, a través de la
expresión de nuestro rostro, a través de nuestra apertura, nuestra
benevolencia, nuestras miradas, nuestra sonrisa... ".”Contempladle y
quedareis radiantes...” El color blanco
es el color de la vida, es decir, Jesús se manifiesta en su condición de
Hombre-Dios, de Hombre en plenitud... Es el rayo de Luz en la oscuridad; es la
certeza de que, por muy intensa que sea la tiniebla de nuestra vida y la
oscuridad de nuestra noche, el corazón de la vida humana está lleno de luz.
Toda la humanidad está llamada a
esa transfiguración. Jesús quiere
dejar claro que el final de todo es el
triunfo de la vida, la plenitud de la vida. ¡Como necesitamos también
nosotros esta experiencia interior de luz y de gozo!. A veces, el camino se
hace duro, nos asaltan las dudas y los miedos, y nos sentimos débiles... Por eso, necesitamos la experiencia interior
de la Presencia del Señor Resucitado en nuestra vida.
Esta experiencia nos es dada para fortalecer nuestra fe, para avivar
nuestra esperanza, para encender nuestro amor, y para que gustemos la plenitud
de vida que Dios nos ofrece en Jesús, el Hijo amado.
La reacción de Pedro es decirle a
Jesús:" Maestro, qué hermoso
es quedarnos aquí". Esta reacción
de Pedro demuestra
que no se ha
enterado de nada, Pedro continúa cerrado en sus antiguas creencias y quiere
mezclarlo todo, por eso propone hacer
tres chozas... Pedro no comprende que
esa experiencia de la Transfiguración es un acto de Amor de Jesús a los
discípulos para librarlos de los ideales mezquinos que
les impiden acceder a la verdadera vida. A nosotros nos pasa
también como a
Pedro, queremos instalarnos...
Después continua el texto: "se formó una nube y una
voz desde la nube decía: Este es
mi Hijo el escogido, escuchadle"
la nube es el símbolo de
la presencia de
Dios, de la
manifestación de Dios. La voz revela quién es Jesús: "Este
es mi Hijo el escogido
(amado), escuchadle".
Estas palabras, dichas desde la
nube, manifiestan la identidad de Jesús y
también la identidad de todo ser humano: Jesús es el Hijo escogido,
(amado), pero todo ser humano es también
el “hijo escogido”, (amado) ¿Somos
consciente de que la verdad última que se
nos revela en Jesús
es que cada uno somos hijos amados?
Mientras no oigamos dentro
esta voz interior que
nos asegura que
somos el hijo escogido, (amado), no
podemos vivir con
sentido. Mientras no hagamos
la experiencia de sentirnos verdaderamente amados permaneceremos en
una inseguridad constante. Nadie nos puede amar como El nos
ama y como necesitamos ser amados. La voz de la nube dice: "escuchadle". Es decir, Jesús es
el único al que hay que escuchar. Sólo a
Jesús, el Hijo escogido, (amado), es al
único que hay que escuchar.
“Cuando sonó la voz, se encontró
Jesús solo”. Moisés y Elías han desaparecido, es decir, la ley y los profetas han desaparecido y
aparece sólo Jesús; es decir, no tenemos que escuchar más que a Jesús. Los
cristianos hoy necesitamos volvernos de nuevo a Jesús, fuente de amor verdadero
y de esperanza plena. Nadie como El puede liberarnos de nuestros miedos, de
nuestra inseguridad y del vacío de nuestro corazón. Sólo Jesús puede llenar
plenamente nuestra vida humana. Sólo la certeza de su Presencia en nuestro interior nos llena de alegría y de sentido. Sólo El
nos basta para en el camino. Él es la única voz a escuchar, el único a seguir,
él que saliendo hacia Jerusalén dará la vida por amor.
Hoy podemos decirle: Tu, Jesús, has mostrado tu Rostro radiante, lleno
de luz a tus discípulos, abre para nosotros el camino de la Vida. Podemos
también repetirle con el salmo de la liturgia de hoy: “Eres mi luz y mi
alegría, eres la defensa de mi vida....
Tu Rostro buscaré, Señor, fuente de toda belleza”. (Sal 26).

Esa es la verdad mas grande,no tenemos que escuchar más que a Jesús
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