“Si quieres puedes limpiarme...” (Mc. 1, 39-45).
Estas palabras del leproso manifiestan una absoluta confianza en Jesús: “si quieres puedes limpiarme…”. Un leproso se acerca a Jesús y expresa su estado de ánimo poniéndose de rodillas ante él. Este gesto manifiesta un gran respeto por Jesús, y las palabras “ si quieres puedes limpiarme “ una gran confianza.
Un leproso era un marginado, este leproso representa el extremo de la marginalidad, el leproso era un excluido de la convivencia y de la sociedad. Quedaba fuera de la sociedad, temerosa de verse físicamente contagiada y religiosamente contaminada. Eran en cierto modo, para la mentalidad de la época, unos castigados por Dios; la lepra se consideraba un castigo de Dios. Según la doctrina judía no había para ellos posibilidad de acceso a Dios.
Este leproso se atreve, a pesar de todo, a acercarse a Jesús... y, arrodillado en tierra, no pide que le toque (que estaba prohibido), sólo manifiesta su absoluta confianza en Jesús: “Si quieres, puedes limpiarme”. La reacción de Jesús es insólita: “Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero, queda limpio”. Jesús no sólo permite que se acerque, sino que Él mismo lo toca (que estaba terminantemente prohibido) y manifiesta de manera rotunda su voluntad: “Quiero, queda limpio”. Con su gesto, Jesús provoca una verdadera revolución. Revela que Dios no usa las enfermedades para castigar a nadie; Jesús arranca aquel hombre del aislamiento y de la exclusión, hace saltar los prejuicios y discriminaciones de la sociedad, rompe las barreras y los muros que los seres humanos levantamos y nos enseña a todos que el camino acertado es el del amor que lleva a una convivencia fraterna.
“Sintiendo lástima” : Hay que poner de relieve que Jesús “se conmueve” ante el leproso y ante toda miseria humana, Jesús es “la ternura de Dios” ante los seres humanos… El verbo en griego que emplea el evangelista expresa una ternura, una compasión, una sensibilidad materna; la que siente la madre por su hijo. Lo que en realidad mueve a Jesús es la compasión que siente ante el ser humano que tiene delante. Jesús es la “compasión de Dios” ante la humanidad. La “compasión de Dios” ante cada uno de nosotros.
“Extendió la mano y lo tocó diciendo : “Quiero, queda limpio”, esto expresa el deseo profundo de liberación para el leproso y para todos nosotros. Jesús, “lo tocó”. Repito, estaba prohibido tocar a los leprosos, y Jesús transgrede las leyes vigentes de la sociedad. “Tocar” a un leproso implicaba volverse impuro como él; Jesús, en cambio, tocando a este leproso lo hace puro y digno. Con este gesto provocativo (de tocarle) Jesús quiere enseñar que el leproso no es un maldito o alguien castigado por Dios, sino alguien amado por Dios... Y es que la verdadera lepra no es la física, sino todo aquello que nos impide vivir plenamente. El Dios de Jesús no excluye a nadie de su amor. Todos los seres humanos somos hijos de Dios y dignos de su amor. “Quiero, queda limpio”... es como si Jesús le dijera: estoy contigo, corro el mismo riesgo que tú... “quiero”, significa: te acepto, te doy lo mejor que tengo. No eres un maldito de Dios, sino un hijo amado de Dios...
El leproso quedó curado en el mismo momento, es decir, la curación no es el resultado de un tratamiento, es la acogida de Jesús lo que nos cura: es la acogida de su amor lo que nos cura. ¿Podemos sentir que Dios nos acoge a todos como al leproso del Evangelio de hoy? ¿Podemos intuir que en su acogida y en su amor, sin límites, que somos curados en profundidad?
Hoy día, también están los “nuevos leprosos”, los marginados de nuestra sociedad: inmigrantes, prostitutas, refugiados, los que viven hacinados en las cárceles, los ancianos que viven solos, los empobrecidos y apartados de sus derechos y víctimas de un sistema que olvida a la persona en aras de un falso progreso económico y la lepra de todos aquellos que no se sienten amados de verdad... Nosotros, a veces, en algunas situaciones, también podemos sentirnos como aquellos leprosos, cuando experimentamos sentimientos de indignidad, de angustia, de soledad, de sentirnos excluidos, de alguna manera... pero podemos tener la certeza profunda que es acoger su amor lo que nos limpia de verdad.

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