martes, 3 de enero de 2012

Epifania del Señor


“¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. (Mt. 2, 1-12)

Esta es la pregunta de los magos de Oriente, al llegar a Jerusalén, es también nuestra pregunta en esta Fiesta en que celebramos a Jesús como Luz del mundo: ¿Dónde esta Aquel que puede llenar el anhelo más profundo de nuestro corazón?.

Celebramos con gozo la fiesta de la  Epifanía, que significa “manifestación de la luz” de Jesús a  todos los pueblos, representados en los magos, esos misteriosos personajes llegados de Oriente. 

         Los “magos” representan a todos los pueblos de la tierra, a todas las culturas, a todas las razas y a todas las religiones del mundo, en definitiva, a todos los seres humanos sedientos de luz y de un sentido de la vida. Los “magos” son nuestros modelos en la aventura de la vida: buscan, esperan y alzan su mirada al cielo. Ven las “estrellas” en medio de la oscuridad del mundo y de su corazón.

  Ellos, como nosotros, se preguntan:“¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”.  Su búsqueda era el motivo por el cual emprendieron el largo viaje hasta Jerusalén. Ciertamente, hoy ya no buscamos a un rey; pero como ellos nos preguntamos: ¿Dónde encontrar referencias sólidas para nuestra vida? ¿A Quién podemos confiarnos totalmente? ¿Dónde está Aquél que puede darnos respuestas satisfactorias a los anhelos más profundos de nuestro corazón? Los magos buscan la luz, ya que la luz de este mundo no les llena suficientemente. Y en plena noche, ven una estrella que les señala el camino. Ven  la estrella en el cielo de su corazón y la  siguen  hasta el final.

“ Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. A veces, la estrella que los guía desaparece, dejándolos en la incertidumbre. Otras veces, brilla de nuevo llenándolos de inmensa alegría. En  cada ser humano,  en lo más profundo de cada uno de nosotros mismos, brilla también una  estrella, una luz que nos guía y que nos invita a avanzar. La estrella es esa  luz interior, que nos impulsa siempre a encontrarnos con una Misteriosa Presencia. No siempre  resulta fácil percibir esa estrella y seguirla. Esa luz suscita en nuestro corazón el anhelo de un Infinito y la búsqueda  de una Vida plena. ¿Quién no siente la necesidad de una estrella que lo guíe a lo largo de su camino en esta tierra?.

 Todos necesitamos de una estrella. No podemos vivir instalados en la cultura de la superficialidad,  en la oscuridad y en el sin sentido de la vida. A la larga nos encontraremos que nuestras vidas están terriblemente vacías. Que hoy podamos decir, como Edith Stein: “He visto brillar la Estrella luminosa que me indicaba la cuna de mi Rey”. Hoy, somos invitados a seguir la estrella que brilla en nuestro corazón, en medio de la noche: En lo más profundo de cada ser humano hay una luz que lo llama, una y otra vez, a la vida y a la esperanza. Hay siempre una estrella que vuelve a aparecer, de nuevo, en el horizonte de nuestra vida. Esa estrella nos conduce siempre a Jesús, Luz del mundo.

      Todo ser humano se encuentra en un camino de búsqueda, humanamente interminable: la búsqueda de la  verdad y la búsqueda de Alguien a quien confiarse del todo: Los magos encontraron ambas realidades en el Niño de Belén.

            Entraron en la casa vieron al niño con María, su Madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron”.           Este es el centro de este bello relato. Este es el momento más importante de sus vidas. El encuentro con Jesús llena de gozo nuestra vida. No hay nada más bello que encontrarse con Él.

“Lo adoraron”... Esta actitud de los Magos nos cuestiona también a nosotros en esta Fiesta y nos plantea preguntas decisivas: ¿A quién adoramos? ¿Ante quién o ante qué nos arrodillamos? ¿Cómo se llama el dios que ocupa nuestro corazón?

 “Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra”. Los magos, más que oro, incienso y mirra, ofrecen su  corazón...  Esto es llegar a  ser creyentes: entregarnos  a Cristo y darle toda nuestra confianza, porque sólo en El encontramos el secreto de una vida plena de sentido.

En la 1ª lectura de Isaías hemos escuchado: “Mira, las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad, los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor...”.
Ciertamente vivimos en  un mundo de  tinieblas, marcado por la miseria, la injusticia, la violencia... Actualmente se percibe, además,  una  densa oscuridad en el horizonte de nuestra humanidad con la grave crisis económica y social que estamos atravesando. La crisis que estamos atravesando es una crisis del modelo social que hemos creado que nos lleva al desastre y que no puede sostenerse actualmente .Estas palabras son dichas a Jerusalén en un tiempo muy difícil en el que el pueblo estaba en el exilio y Jerusalén dominada por un poder extranjero. Estas palabras son también hoy para todos nosotros: no hay oscuridad por densa que sea, que pueda oscurecer la luz de Cristo, luz que brilla en las tinieblas.
 “...Pero sobre ti, amanecerá el Señor”.  En El brilla la esperanza para superar nuestras dificultades personales y sociales: El es la Luz  que brilló en las tinieblas de la Historia y que atraviesa los siglos como signo de esperanza y llega hasta nosotros. Sí, la Luz de Jesús, nacido en Belén, viene a iluminar nuestra noche, viene a iluminar a  todos los  pueblos representados en los magos de Oriente.
Dios viene, en Jesús, a iluminar nuestra oscuridad  pero, ¿quién está dispuesto/a  a abrirle las puertas del corazón?  ¿Quién tomará tiempo para escuchar su Palabra y dejarse envolver por su amor infinito? Sí, su mensaje de paz y de esperanza es para todos; su luz brilla para todos.
            Nos volvemos a  Ti, Señor, para  decirte: Tú, Jesús, eres nuestra Luz. Alumbra la noche de nuestro  mundo y disipa las tinieblas de nuestro corazón. Que tu estrella brille en nuestra oscuridad. 

1 comentario:

  1. El problema que tiene el ser humano es:Que tiene muchas estrellas y pocas luces,muchos ídolos y luces artificiales

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