miércoles, 28 de diciembre de 2011

Santa María Madre de Dios


María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. (Lc. 2, 16-21)

        Con estas palabras expresa el Evangelio cómo María da vueltas en su corazón a lo que ha vivido en el Nacimiento de Jesús: María hace memoria desde su corazón disponible y se convierte así, para nosotros, en el modelo de creyente.

        En este primer día del año, todos nos deseamos un feliz año. El año que hemos despedido ha sido un año con graves problemas, particularmente la crisis económica y laboral, fundamentada en una profunda crisis de valores...  Hoy también se nos invita a tomar conciencia de que el tiempo pasa y que la vida se nos escapa... Realmente, el tiempo vuela y esta sensación es la que está en la base de la celebración, en esta noche pasada del 31 de diciembre al 1 de enero: es una necesidad compulsiva de huida hacia delante en que pretendemos, con sus excesos, olvidar la fugacidad del tiempo que pasa sin que nada ni nadie pueda detenerlo. Pero la Luz que brilla en el Nacimiento de Jesús es la que puede dar sentido a nuestra vida humana en esta Tierra.

Por eso, el año nuevo es un día para renovar nuestra esperanza. Urge que recuperemos la confianza. Estamos llamados a vivir una vida en plenitud. De entrada, necesitamos dar gracias al Señor porque nos ha abierto las puertas de este  año nuevo y podemos decir las palabras de la Liturgia de la Iglesia: “Te alabamos, te bendecimos, te adoramos y te  damos gracias”.

         Sí, que al empezar este año 2012, seamos conscientes del valor del tiempo como  un regalo de Dios. Que recordemos que cada momento de nuestra vida es un don que podemos agradecer y que podemos afrontar cada día con esperanza; que caigamos en la cuenta de que cada instante  es tiempo de gracia y oportunidad para nuestro crecimiento. En el NT griego, encontramos dos palabras que traducimos por “tiempo”, pero que tienen cada una un significado muy diferenciado: “Chronos” es el tiempo astronómico. Se refiere al paso de las horas, días y años... En principio es lo que estamos celebrando hoy. Pero existe otro concepto más importante aun para nuestra celebración. Este concepto está expresado por la palabra “Kairos”: es el tiempo oportuno para hacer algo importante. El tiempo como oportunidad de salvación, de vida plena.

          Ciertamente, este día somos más conscientes de que el tiempo pasa, pero tu misericordia, Señor, no pasa ni se agota, desborda el tiempo. No tememos el paso del tiempo porque Tú, Jesús, nos rescatas de la muerte y nos libras del vacío y de la nada. Nuestra vida humana está llena de  sentido.

         El año nuevo que hoy comenzamos es una llamada a renovar nuestra vida, por eso, necesitamos  comenzar este año nuevo con un deseo de renovación profunda. El año nuevo es un tiempo abierto, un tiempo lleno de posibilidades nuevas;  es un tiempo que se nos ofrece como gracia y salvación.

        Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. Hemos escuchado en El Evangelio de Lucas. Estas palabras subrayan la fe profunda de María, que acoge a Dios en los acontecimientos  y medita su Palabra. Antes, la confianza en Dios le llevó a decir sí al mensaje del ángel y ahora, conserva en su interior todo lo que los pastores dicen y todo lo que está viviendo.

          La Iglesia celebra en este primer día del año la fiesta de Santa María, Madre de Dios. Es la fiesta más antigua de María que se conoce (Efeso año 431). En la ciudad de Efeso, María fue proclamada “Tehotokos”, literalmente la que pare a Dios... San Agustín dice que María concibió antes en su corazón que en su vientre.  Ella es la mujer creyente. Por eso, medita  en su interior lo que sucede y se dice de El en su entorno. En este sereno “meditar en su corazón”, María es el modelo de todo creyente.

       Sí, “María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”. Es el silencio de María. ¡Admirable silencio! Un silencio contemplativo. María está callada ante el Misterio. María acoge, dulce y amablemente, la Palabra que se nos revela en su Hijo, Jesús.  Nosotros necesitamos aprender de María la interioridad, a vivirnos interiorizados como María, escuchando la Palabra en nuestro corazón. Pero ¿quién se toma tiempo para ello?  Justo en estos días de celebración del Misterio de la Navidad, ¿No son demasiado bulliciosos? ¿A qué hemos reducido estos días: a compras, a compromisos sociales, comidas abundantes, diversión...? ¿Quién pone como central, en estos días, el Misterio que estamos celebrando, el misterio del  Enmanuel, del Dios con nosotros? Tenemos que poner a Dios como  una prioridad en nuestra vida: Dios es de primera necesidad, si Dios está ausente, nuestra vida enferma, el ser humano necesita una respuesta que no se puede dar a sí mismo. Si Dios desaparece, por más ilustrada que sean nuestras ideas todo se nos derrumba, se nos derrumba lo esencial  y el mundo no puede cambiar.

            Hoy, se celebra también la Jornada Mundial de la Paz. En la primera lectura hemos escuchado: “el Señor te conceda la Paz” (Núm. 6,26). Que el Señor nos conceda la paz a cada uno de nosotros, a nuestras familias y al mundo entero. Todos aspiramos a vivir en paz. El miedo impide que vivamos en paz, tenemos que desterrar el miedo entre nosotros para lograr la paz.  El nacimiento de Jesús es la inauguración de un tiempo de paz”, pero el mundo sigue amenazado por la violencia.

En esta  fiesta de la Paz, pedimos perdón por tantas guerras, tanta violencia que enfrentan a los pueblos y también las que llevamos en el corazón. Queremos la paz y fabricamos armas, queremos la paz y somos violentos. Necesitamos comenzar este año desarmando, una vez más,  nuestro propio corazón y buscando caminos de paz para nuestro mundo.

            Nos volvemos hoy a Ti, Jesús, el “Príncipe de la Paz”, que sepamos acoger tu paz en el corazón y construirla en nuestro mundo, que sepamos seguir el camino de fe de María y  descubrir tu Presencia viva en todos los días del año que hoy comenzamos ¡Feliz Año Nuevo!

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