martes, 13 de diciembre de 2011

IV Domingo de Adviento


   “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. (Lc. 1, 26-38).

     Estas palabras, están destinadas a toda la Humanidad representada en María. Estas palabras son también para nosotros, hoy: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo…”  Este saludo del Ángel es también para todos nosotros a las puertas de la Navidad.
     Comienza el evangelio diciendo: “El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea…” El ángel significa la proximidad de Dios en nuestra vida…
Alégrate, llena de gracia. Alégrate es la primera palabra de Dios a toda criatura. En medio de estos tiempos que a nosotros nos parecen de incertidumbre y oscuridad, llenos de dificultades, lo primero que sorprendentemente se nos pide es no perder la alegría. Sin alegría la vida se hace difícil y dura. No es una alegría engañosa, es una alegría fundada en la certeza del amor de Dios, de sentirnos amados por Dios.

     El Señor está contigo”. Es la experiencia fundamental de la vida humana. “El Señor está contigo”, no está lejos, ha entrado en nuestra casa, en nuestra intimidad, no nos abandona ni nos abandonará nunca. Para cada uno/a son estas palabras del ángel: “el Señor está contigo”. No estás solo/a… Alguien nos acompaña. Dios nos acompaña, nos defiende y quiere siempre nuestro bien. Dentro de cada uno, en lo más profundo de nuestro ser,  hay una Presencia que nos acompaña siempre. No vivimos solos, perdidos en el mundo, abandonados a nuestras fuerzas. Este es el secreto de la Navidad que vamos a celebrar: Que Dios esta con nosotros y podemos vivir con esperanza

     Ella se turbó ante estas palabras”. Realmente fueron un choc para María estas palabras, quedó impactada, desconcertada a nivel de cabeza…son demasiadas impresiones para una muchacha joven. Se siente perpleja y asombrada. 

       Por eso el ángel le dice: “no temas, María”. No tengas miedo: son muchos los miedos que pueden despertarse en nosotros. Miedo al futuro, miedo a la enfermedad, miedo a no ser amado, miedo a la soledad y el miedo a la muerte. El miedo ahoga la vida, paraliza nuestras fuerzas, nos impide caminar. Lo que necesitamos es confianza, seguridad y luz para caminar. Llama la atención que el ángel la llame por su nombre: María. “no temas, María”. El nombre tiene una importancia particular en la cultura bíblica, es la expresión del amor. Dios nos conoce a cada uno de nosotros personalmente. Dios nos ama como únicos… Sólo Dios puede amarnos así. Y siempre que Dios irrumpe en nuestra vida nos llama por nuestro nombre, nos ama y nos dice: “no temas”. El nos libera de nuestros miedos y despierta en nosotros la confianza ¿cómo podemos vivir de una manera más positiva y esperanzada?.

       Has encontrado gracia”. No solo María, también nosotros podemos decir que hemos encontrado gracia; todos vivimos y morimos sostenidos por la gracia y el amor de Dios. La fe en Dios no es una receta para resolver los problemas diarios. Pero todo es diferente cuando uno vive buscando en Dios la luz y la fuerza para avanzar.

        Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo”…La aparición del ángel en nuestra  vida nos comunica el mensaje de nuestra vocación, de que nuestra vida tiene un sentido, de que hay esperanza para todos.
           María se siente conturbada ante la sorpresa de que Dios se haya dirigido a Ella ..; por eso pregunta: “¿Cómo será eso ,pues no conozco varón?”. Es a través de María, una mujer sencilla, como Dios se introduce en la Historia, Dios rompe con la supremacía del varón que aparecía siempre como signo de privilegio de Dios. 
 Al preguntar María: ¿cómo será eso?, expresa su dificultad ante Dios.: “no conozco varón”... “el Espíritu Santo vendrá sobre ti”. Nosotros, (como María), también nos preguntamos a veces: ¿cómo puede ser eso?, ¿es posible comenzar una vida nueva?, ¿podremos superar nuestras tendencias negativas y abrirnos a la ternura y a los deseos de Infinito que llevamos dentro?.

           Una vez más, la respuesta siempre es sencilla: Dios se encargará de todo: “el Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra”. El Espíritu, es decir, la fuerza de Dios, actuará en tu seno virginal. Lo imposible se hará posible. Esa fuerza es como una nube (la nube era el signo  de la presencia de Dios sobre el pueblo). Nosotros también necesitamos recordar que el Espíritu nos cubre como una nube con su sombra. Su Presencia está en nuestra vida. Necesitamos renovar nuestra confianza.

            María responde: “Aquí está la esclava del Señor,  hágase en mí según tu palabra”. María comienza diciendo: “Aquí estoy”. Ella responde libremente: aquí estoy.
María da un sí a Dios. Esa actitud de María, de total disponibilidad y confianza, es la que Dios nos invita a vivir en estos días previos a la Navidad.

            Que en este domingo, podamos renovar nuestro sí a Dios como María: “Hágase en mí según tu palabra”. Renovar nuestro sí radical a la Vida que Dios nos ofrece hoy. Esta actitud de disponibilidad total puede ser nuestra mejor preparación para celebrar esta Navidad. Llega la Navidad. ¿Por que no despertar en nosotros, en estos días, la confianza en Dios y la alegría de sabernos acogidos por El? ¿Por que no liberarnos de nuestros miedos y angustias y mirar la vida desde una confianza radical en un Dios tan cercano?. ¿Por qué no estrechar nuestros lazos de amistad y de apoyo en estos tiempos tan difíciles que vivimos?

             Que sea una Navidad llena de esperanza para todos en la que brille la justicia y la paz para el mundo. 

              Hoy podemos decirle: “Te necesitamos. Venimos cansados de ir por tantos caminos de la vida. No hemos encontrado la verdadera paz lejos de Ti.” Nos ponemos ante Ti para pedirte esa paz que no hemos encontrado y que Tu nos traes con tu Nacimiento.

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