“ Yo soy la Resurrección y la Vida”, (Jn. 11,1-41).
Estas palabras de Jesús son centrales en el Evangelio de hoy: "Yo soy la Resurrección y la Vida"... "¿Crees esto?”. Esta es la pregunta fundamental que Jesús dirige a Marta y a todos nosotros: ¿Crees esto? ¿Crees que Yo soy la Resurrección y la Vida? La muerte está ahí, es constitutiva de la condición humana. Es nuestra mayor certeza, pero nuestra muerte está iluminada por la claridad de la Resurrección del Señor.
Comienza el Evangelio con cierta crudeza: "Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba cuatro días enterrado"... Se pensaba que la muerte era definitiva a partir del tercer día, así que cuatro días enterrado quiere decir que está definitivamente muerto. También “cuatro días enterrado” puede indicar la situación en la que Jesús encuentra a Lázaro. El estar enterrado, (simbólicamente), puede ser una situación en la que podemos encontrarnos nosotros, (significa la ausencia de Vida)… Así podemos encontrarnos también nosotros como Lázaro en el sepulcro. Todos podemos ser, de alguna manera, Lázaro. Podríamos preguntarnos: ¿No somos todos Lázaros? ¿No hay en cada uno de nosotros zonas muertas, atrapadas en una cultura de muerte? Todo cuanto está muerto en nosotros, más o menos oculto en nuestro inconsciente, en las zonas de sombra o en el “sepulcro” de nuestro ser, provoca una especie de muerte a nuestro alrededor
Sí, hay muchas clases de muertes, como la pobreza que padecen millones de seres humanos, las guerras, la tristeza depresiva, la soledad que angustia, la desesperanza que paraliza, el vacío afectivo, el miedo que nos impide vivir, la duda, y sobre todo la ausencia del amor. Son muertes sociales y psicológicas, pero verdaderas. Jesús viene a liberarnos de todas nuestras muertes, El es la Resurrección y la Vida.
“Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús salió a su encuentro, mientras María se quedaba en su casa”. Marta reacciona saliendo a su encuentro. María, reacciona de manera diferente, se queda en casa, donde se expresa la solidaridad con la muerte. Sin embargo Marta es la que viene al encuentro de Jesús y le dice: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Con estas palabras Marta expresa su pena e insinúa un reproche. “Si hubieras estado aquí”. Ese es nuestra queja también al Señor. Si hubieras estado aquí, Señor, aquí y ahora, donde estamos tristes y solos y tan desesperados a veces. Si hubieras estado aquí, donde nos perdemos, nos ponemos enfermos y morimos. ¡Si hubieras estado aquí! Tal vez creamos de verdad que su presencia y su intervención podrían resolverlo milagrosamente todo, curar nuestros cuerpos y las dudas de nuestra alma.
A veces, invocamos al Señor de esta manera, según nuestros deseos y nuestros cálculos, pensamos que debería detener el curso de las desventuras en que vivimos y decimos, como Marta: “Si hubieras estado aquí...” y, sin embargo, Él está siempre aquí. Dónde está Jesús reina la Vida; su hermano ha muerto debido a esa ausencia de Jesús; todos nosotros podemos tener también esa experiencia… Cuando Jesús está ausente, cuando Él deja de ser una referencia interior, estamos como muertos, estamos como Lázaro en el sepulcro.
Marta respondió a Jesús: “sé que resucitará en la resurrección del último día”. Marta simplemente se queda en las creencias religiosas de su época. Pero Jesús la enfrenta a algo más fundamental cuando le dice: “Yo soy la Resurrección y la Vida, el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”. Y a continuación le pregunta: “¿Crees esto?” Ella respondió: “Sí, Señor, creo que Tú eres el Hijo de Dios”. Como si le dijera: Creo, Señor, que Tú eres de verdad la Resurrección y la Vida, que contigo se han abierto las puertas de la Vida para siempre.
Después dice el texto que Jesús llega ante el sepulcro: "Jesús sollozando” es emocionante ver a Jesús llorando ante la muerte de su amigo; es la expresión de la compasión de Dios ante el sufrimiento humano. Jesús no se avergüenza de llorar la muerte de un amigo.
Jesús llegó a la tumba (era una cavidad cubierta con una losa)": La cueva y la losa..., representan la irrevocabilidad de la muerte, la losa es lo que impide la vida... A veces, atravesamos situaciones personales y sociales que pesan sobre nosotros como una losa, que nos impiden vivir. Por eso, la orden de Jesús: "Quitad la losa". Jesús pide que se quite lo que impide vivir hoy. Y nuestra pregunta puede ser hoy: ¿Cuál es nuestra losa? ¿Qué nos impide vivir? Y Marta pone una objeción: "Ya huele mal". El mal olor tiene un significado profundo... Significa la degradación humana a la que podemos llegar. “Jesús levantando los ojos a lo alto, dijo: Padre te doy, y grito con voz potente: Lázaro ven afuera”. El grito de Jesús es el grito de la Vida. Es una fuerte llamada a la vida....”Ven afuera”... Sal del sepulcro. Y el difunto escuchó la voz de Jesús y salió del sepulcro. Jesús nos invita también a nosotros a salir de nuestros sepulcros: como si nos dijera: Sal del sepulcro de tus miedos, de tus desconfianzas, de tu decaimiento, de tus pesimismos (en cada uno de nosotros hay zonas muertas, todo lo que está muerto en nosotros está llamado a revivir. Es el amor de Jesús lo que hace vivir a Lázaro, es el amor el que le grita: “Ven afuera”. Es la experiencia del amor verdadero lo que nos hace revivir. Que recordemos que si un día nos encontramos como Lázaro en el sepulcro (en una situación límite) tengamos presente que Él, Jesús Resucitado, nos dice a cada uno: “¡Ven afuera!”.
Jesús les dijo: "desatadlo y dejarlo andar”... Hay que quitarle las vendas y ponerlo en camino para que ande libremente. En Lázaro nos descubrimos a nosotros mismos como seres débiles, frágiles, destinados a la muerte, pero llamados a la Vida.
Todo el Evangelio de hoy es una llamada a la Vida y a la libertad. ¿Podemos acoger ésta invitación de Jesús que nos hace a la Vida y a la libertad verdadera? Que salgamos de nuestro sepulcro interior... y que vivamos plenamente.
Señor Jesús, cuando por nuestra miseria estemos como muertos, carentes de vida, inexistentes, no permitas que dejemos de creer que Tú deseas nuestra vida con la fuerza de tu amor.
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