El Mensaje cuaresmal del Papa este año fija nuestra atención en la estrecha relación entre la cuaresma y el bautismo, entre la preparación para la vida y la vida recibida, vida de Dios en el alma del cristiano.
El bautismo, nos dice Benedicto XVI, no es un acontecimiento pasado, sino un actual encuentro con Jesucristo, por la vida que recibimos sacramentalmente de Él. Es “la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo”. La gran Vigilia Pascual es eminentemente bautismal y por ello descubrimos que la Cuaresma es ese genuino catecumenado anual que nos invita a acoger con renovado entusiasmo la vida que Dios nos da y que nos eleva por encima de las miserias, pecados, sufrimientos y muerte: cosas propias de “aquí abajo”.
¡Cuánto necesitamos la Cuaresma! Buscar a Dios, purificarse interiormente y encaminar la vida hacia lo auténticamente bueno y eterno. La Cuaresma es una profunda preparación para celebrar el triunfo de la vida.
Esta Cuaresma recorreremos un particular itinerario de oración. La oración por la vida, por el respeto a la vida, por la derrota de la cultura de la muerte. Con el compromiso del Rosario diario, o la visita devota a Jesús sacramentado. Pidiendo particularmente por esa intención: el derecho a la vida que tiene todo ser humano que viene a este mundo o que se prepara para marchar de él. Que se respete este derecho, que se promueva una auténtica cultura de la vida, base de toda civilización y de todo progreso.

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