“¿Por qué os alarmáis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?”.(Lc.24,35 – 48).
Esta es la pregunta que Jesús Resucitado dirige a los discípulos. Es una pregunta también para nosotros ¡Cuántos hombres y mujeres en nuestros días viven marcados por las dudas, las inquietudes, las incertidumbres que hacen que su fe vacile!
El Evangelio de hoy describe con detalle los sentimientos de los discípulos ante la Presencia del Resucitado. Los presenta “llenos de miedo por la sorpresa” y afirma que “creían ver un fantasma”. Así estaban los discípulos antes de encontrarse con el Resucitado. El miedo expresa la falta de confianza y con el miedo, la soledad, la tristeza y también la duda. ¿Por qué os alarmáis? ¿Por que surgen dudas en vuestro interior?. Miedos, dudas, desconcierto, es todo lo que refleja el complejo estado de animo de aquellos primeros discípulos, cuando Jesús se presentó en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. ¡Qué falta les hacía y qué falta nos hace esa paz! Los discípulos vivían en el miedo y en la duda, estaban agitados y nerviosos. Nosotros también estamos condicionados por las dudas, los miedos y las inseguridades. Es lo que muchos hombres y mujeres de hoy viven: dudan de todo y por tanto, no se fían de nada ni de nadie; todo se ha de pasar por el cedazo de la sospecha. Parece que la mayoría prefiere dudar a creer. Necesitamos pasar de la duda a la confianza.
El Evangelio de este domingo insiste con fuerza en la realidad del Resucitado que se presenta en medio de los discípulos: "Mirad mis manos y mis pies; soy yo en persona, palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos como veis que yo tengo”. El miedo les hace creer que era un fantasma. El miedo deforma la realidad.
Lucas quiere mostrar lo que significa la Resurrección de Jesús. Los griegos podían imaginar que el Resucitado era un “fantasma”, que el alma se había separado del cuerpo, esa era su filosofía. Pero la Resurrección es algo más: el Resucitado es la persona entera de Jesús. Podemos decir que el Evangelio marca de forma muy acertada el contraste entre las dudas y los miedos de los discípulos y la realidad de Jesús. Jesús no es un “fantasma” sino una dulce y misteriosa Presencia entre nosotros.
“Mirad mis manos y mis pies”. “Mirad mis manos”. Las manos de Jesús eran especiales, eran manos que curaban, que liberaban y que despertaban vida. El toque de sus manos era vitalizante. Las manos de Jesús eran capaces de acariciar a los niños y de expulsar demonios, eran manos dispuestas a lavar los pies, a vendar las heridas, a multiplicar los panes, a bendecir y a perdonar... “Mirad mis pies”. Los pies de Jesús eran pies que caminaban, que abrían camino, pacientes y ligeros, cansados y gastados de tanto caminar tras la “oveja perdida”...Eran pies entregados en busca de todos nosotros..
El Evangelio de hoy no tiene otra finalidad que la de hacer experimentar a los discípulos la realidad de Jesús, todo es machaconamente real: "Mirad, palpadme..." La afirmación: “Soy yo en persona” es una afirmación fuerte que entra por los ojos y que trata de disipar las dudas. Aquellos primeros discípulos no eran nada crédulos, es decir, aquellos discípulos llegaron a creer porque la realidad de Jesús se les impuso y no porque tuvieran una predisposición para creer; más aun tenían predisposición para no creer. Es lo que también nos pasa hoy a nosotros en nuestro tiempo que es un tiempo donde domina la cultura de la increencia.
Tenemos sentimientos muy parecidos a los primeros discípulos de Jesús: miedo ante el misterio de la muerte y de la vida; dudas sobre si no nos estamos engañando, si no será Él un fantasma.
¿No tendríamos que escuchar de nuevo las palabras del Resucitado como dirigidas a nosotros? "¿Por qué os alarmáis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior? Soy yo en persona"... Dichoso quien se atreve a pasar de la duda a la confianza en el Resucitado que viene a poner Luz en nuestra oscuridad y esperanza en nuestra vida...
“Y como no acababan de creer por la alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tenéis algo de comer?” Les pide algo para comer. Los fantasmas no comen. Él es como nosotros. Casi todas las apariciones de Jesús Resucitado van acompañadas de comida, es una prueba de su humanidad y de su amistad con nosotros, pero es también una referencia a la Eucaristía.
“Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”. Jesús termina con una invitación a vivir los hechos a la luz de la Escritura. Utiliza el mejor argumento para un judío: las Escrituras, y aquellas mentes se iluminaron y sus corazones comenzaron a arder y comenzaron a comprender que la fuerza de Dios no es incompatible con la debilidad.
“Vosotros sois testigos de esto”... Así termina el Evangelio que hemos escuchado. Confirmada la fe y la esperanza por la Presencia del Señor Resucitado, los discípulos cambian su miedo por la alegría y son invitados a dar testimonio de ello: “Vosotros sois testigos de esto”. Estamos llamados a ser testigos de que es posible el amor y la esperanza, que siguiendo su camino, escuchando sus palabras y poniéndolas en práctica, es posible un mundo nuevo, un mundo reconciliado, en paz y con futuro.
Que en este día podamos volvernos de corazón a Él para decirle: Señor, vence nuestros miedos y nuestras dudas para que descubriéndote presente en medio de nosotros, podamos ser, testigos creíbles y alegres de tu Resurrección, portadores de tu paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario