“Os traigo la Buena Noticia, la gran alegría para todo el pueblo:
hoy os ha nacido un Salvador”. Lc (2,1-14).
Esta es la gran alegría anunciada a los pastores en Belén y que los cristianos celebramos en esta Noche: que Dios se ha hecho uno de los nuestros y ha venido a vivir nuestra misma vida y su amor permanece para siempre con nosotros. Esta Noche es especialmente luminosa: celebramos el Nacimiento de la Luz verdadera.
El Nacimiento de Jesús viene dada por el anuncio del ángel a los pastores: se dice que había unos pastores velando su rebaño y que “la gloria del Señor les envolvió de claridad”. En esta noche, la Luz venció la oscuridad. La noche cerrada se convierte en claridad que los envuelve. Cuando el ser humano mira hacia lo profundo de sí mismo, Dios se manifiesta como una Luz que le permite descubrir su propio misterio, el misterio que lleva en su corazón. Para los cristianos, la Navidad es la Fiesta de la Luz, de una Luz que Dios ha encendido en medio de la humanidad. Esta Luz ilumina toda oscuridad y llena de sentido nuestra vida humana.
Que el fulgor del Nacimiento del Señor, ilumine la noche de nuestro mundo y la noche de nuestro corazón. Que la fuerza de su amor destruya toda injusticia y violencia.
El ángel les dice: “Os traigo la Buena Noticia, la gran alegría para todo el pueblo: Hoy os ha nacido un Salvador”.
Este anuncio a los pastores es para todos los seres humanos. Los pastores son los primeros destinatarios de esta Buena Noticia de la salvación. Los pastores constituían en aquella época una clase despreciable. Los pastores representan a los más marginados de la sociedad. Y resulta que, el primer anuncio de esperanza y de alegría, va dirigido a ellos. Dios tiene predilección por los pequeños, por los pobres y por los que no cuentan. Nadie está excluido del gozo de la Nochebuena aunque nos sintamos pobres o vengamos heridos por la vida...
Todos estamos invitados a envolvernos en el manto de la ternura y de la gracia de la Navidad y a dejarnos de iluminar por la claridad de esta Noche. También este anuncio es para todos nosotros en esta Nochebuena: “Hoy os ha nacido un Salvador”. En este hoy, Dios nos salva siempre. En este “hoy” está presente la Vida plena y definitiva que Dios ofrece a todos. “Hoy” es el momento oportuno en que Dios se nos ofrece como Buena Noticia, como alegría y paz para todos.
“Hoy, os ha nacido un Salvador”. En esta Noche el tiempo se abre a lo eterno, porque tú, Jesús, has nacido entre nosotros. Con tu Nacimiento has hecho del tiempo humano un “hoy” de salvación... El Señor ha santificado los días, los años, los siglos. El Señor ha disipado nuestros miedos, ha renovado nuestra esperanza y ha llenado el mundo de alegría.
En esta Nochebuena, Jesús, a través del anuncio del ángel, nos repite a todos: “No temáis, os traigo la Buena Noticia, la gran alegría para el pueblo...”. ¿Acogeremos esta gran alegría en el silencio de nuestro corazón?
El relato evangélico dice de forma poética que los ángeles cantaron en la noche de Belén: "Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama". Dios ama a todos los seres humanos... nuestra sed de ser amados, se sacia en esta Noche. “Dios es Amor”.
Dios ha amado al mundo en Cristo y en El, en su Nacimiento, ha revelado a todos los seres humanos el camino de la paz. ¿Pero cómo será posible la paz sin una verdadera solidaridad entre los pueblos?
“Aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre". La señal de Dios, la señal que ha dado a los pastores y a nosotros, no es un milagro clamoroso. La señal de Dios es su humildad. La señal de Dios es que Él se hace pequeño; se convierte en niño; se deja tocar y pide nuestro amor. Nos invita a ser semejantes a Él. Si nos hacemos semejantes a Dios, si nos dejamos marcar con esta señal, aprenderemos la humildad y, de este modo, nuestra verdadera grandeza; renunciaremos a la violencia y usaremos sólo las armas de la verdad y del amor.
Ante este Niño recostado en un pesebre, nuestro sentimiento de comunión y de solidaridad quisiera abarcar en esta noche, a todos los hombres y mujeres de esta tierra marcada por la tristeza, la pobreza y el paro, a todos esos representados en los pastores de Belén. En esta noche, nuestros corazones están preocupados e inquietos por la profunda crisis económica que afecta a nuestro mundo y particularmente a los más pobres. Nosotros, los cristianos, no podemos ser espectadores de esta crisis. Necesitamos ahora ser críticos con los poderosos que han provocado y se han enriquecido con esta crisis y también ser solidarios con quienes sufren las consecuencias.
La Navidad que celebramos es una llamada a la solidaridad y a la paz entre todos los seres humanos. Los cristianos no podemos celebrar esta Fiesta, olvidando a todos esos hombres y mujeres para los que la Navidad no será motivo de fiesta, sino algo que le recordará con más crudeza su soledad, su vejez, sus angustias y su pobreza. No podemos limitarnos a contemplar a este Niño que yace en el pesebre, olvidando el compromiso de ser sus testigos. Necesitamos, como los pastores de Belén, volver aprisa a nuestro camino. Volver gozosos de la gruta de Belén para decir a todos: ¡Hemos encontrado la Luz y la Vida!
Te acogemos, Señor, con alegría, Luz que brillas en la noche de nuestro mundo y en la noche de nuestro corazón. Cúranos de nuestra indiferencia. Que sepamos hacer de nuestra vida un don, como Tú eres don para nosotros en la vida. Danos la felicidad que permanece más allá de las circunstancias favorables o adversas de cada momento, la que nace de la certeza profunda de sentirnos amados por Ti. Que tu Estrella, Jesús, alumbre la oscuridad del mundo y encienda de nuevo en nosotros la esperanza.

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