“Salió el sembrador a sembrar”. (Mt. 13, 1-23).
Esta parábola de Jesús pone en escena a un sembrador que sale a sembrar... “salió el sembrador a sembrar”. La mayoría de las parábolas de Jesús pertenecen al mundo rural, el ámbito natural de sus primeros oyentes... Aquel día, que Jesús salió de casa, fue al lago y se encontró con tanta que tuvo que coger una barca y desde la barca contó esta parábola: “Salió el sembrador a sembrar”.
El sentido de la parábola es decirles a los discípulos que tienen que confiar... Jesús expresa con esta parábola la confianza y la seguridad en el avance del Reino, a pesar de sus múltiples dificultades. Jesús tiene la certeza de que al final, el Reino de Dios se manifestará en todo su esplendor... Es como si les dijera: mirad al sembrador, que podría desanimarse ante los muchos obstáculos y sin embargo, confía, está seguro de que le será concedida una rica cosecha, una gran cosecha.
Esta parábola del Sembrador es probablemente, la más representativa de cuantas pronunció Jesús. Es probable que esta parábola fuera pronunciada por Jesús como respuesta a las dificultades de los que anunciaban el Reino. La parábola pone ante los ojos de sus discípulos la grandiosa cosecha final, diciéndoles: ¡Animo! ¡No hay que desanimarse! A pesar del fracaso aparente, la llegada del Reino es imparable. El resultado final será maravilloso. Tened confianza. Sí, es una invitación a la confianza para todos nosotros... La semilla de la palabra siempre es Vida y siempre nos llama a la vida... La semilla de la palabra sembrada en lo profundo de nuestro ser producirá una extraordinaria cosecha.
El evangelista pone también de relieve la cogida y el rechazo de Jesús y de su mensaje: Ante el Reino no cabe soluciones intermedias. Los que han acogido el Reino con fe, cada vez descubrirán más profundamente su misterio, mientras que aquellos que sólo lo han acogido superficialmente, acabarán por perderlo. Este es el significado de las palabras: “al que tiene se le dará y tendrá de sobra; pero al que no tiene aún aquello que tiene se le quitará”. En esta Evangelio de hoy, los verdaderos discípulos son los que encarnan la actitud de la acogida del Reino.
La parábola hace referencia a tres terrenos donde cae la semilla. La descripción corresponde a las características de los campos de Galilea en que los labradores aprovechan todos los terrenos para sembrar:
“el borde del camino” sería el terreno de los indiferentes, de los que no creen que necesitan la Buena Noticia. Que ya tienen bastantes noticias... El borde del camino representa una de las actitudes negativas que más se da hoy día, la no escucha de la Palabra de Dios, el vivir encerrados en nosotros mismos, incapaces de abrirnos a la Palabra que resuena en lo interior de nosotros mismos
“el terreno pedregoso” evoca la superficialidad en la manera de vivir... El ir tirando cada día a base de banalizar la vida, (vivimos en una cultura de la superficialidad...) las “zarzas” significan los afanes de la vida y la seducción de las riquezas... esos son los falsos ídolos actuales: el placer a toda costa y la búsqueda incesante de reconocimiento, la ambición de la riqueza... Todo eso esclaviza y aliena produciendo vidas estériles, ahogadas y faltas de verdadera libertad y de sentido.
“La buena tierra” en la que cae la semilla fructifica y da una cosecha abundante... En Palestina el que la cosecha fuera del siete por uno ya era considerada buena y aquí en la parábola es del treinta, del sesenta, del ciento por uno; es una magnifica cosecha.
Esta parábola es para nosotros hoy en estos tiempos, en que lo que cuentan son los resultados rápidos y la rentabilidad inmediata, podemos sentir la desconfianza y la falta de fe en el Evangelio. ¿Sirve para algo práctico este mensaje que los cristianos proclamamos ante el mundo? ¿Dónde están los resultados en nuestra vida? ¿No será todo ello una bella utopía o una ilusión engañosa?
Aunque de momento pueda parecer que los frutos no llegan y que hay muchos fracasos, al final los resultados siempre serán superiores a los esperados. El mensaje de esta parábola está lleno de esperanza a pesar de las dificultades. Ciertamente constatamos cada día que muchas semillas caen al borde del camino, o en el terreno pedregoso, o entre zarzas y se pierden. Las distracciones, la superficialidad, la inconstancia, el afán de riquezas, o las mil preocupaciones que nos agobian... son hoy las causas que hacen que la semilla no pueda echar raíces y dar fruto. También la cultura dominante de la posmodernidad en la que todo vale y que han llamado la “dictadura del relativismo”, es una gran dificultad. Sin embargo hay que tener claro que el hombre posmoderno es un gigante técnico con los pies de barro que necesita conocer el amor de Dios y confiar en él. Este hombre también tiene sed del Agua Viva y Jesús es la única Fuente de agua capaz de saciar nuestra sed de eternidad y de amor. A pesar de todo, siempre hay una parte de la semilla que cae en tierra buena, siempre hay alguien que escucha la palabra y la pone en práctica.
Esta confianza la podemos vivir tanto al mirarnos a nosotros mismos, como al mirar a nuestro mundo. Esta sociedad nuestra tan ambigua que nos parece definitivamente apartada de Dios, es la “tierra” donde el sembrador (que es Jesús) sale a sembrar. Hoy es un día para recuperar la confianza en Jesús y en la fuerza de su Palabra. También es para que tomemos conciencia de que a pesar de la constancia infinita del sembrador, y a pesar de la fuerza de la semilla, nosotros, la tierra sembrada, somos capaces de “frustrar” la cosecha. Nuestra confianza, por tanto, es una confianza con sentido de responsabilidad. El futuro de la semilla depende de cómo libremente dispongamos la tierra de nuestro corazón.
En este día, vueltos a Jesús, el Resucitado, podemos decirle: Señor, tú que siembras la buena semilla en el campo de nuestro corazón, concédenos la confianza en una cosecha abundante de vida. Ayúdanos a escuchar tu palabra y a cultivar la “buena tierra” para que demos fruto abundante.

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