jueves, 16 de junio de 2011

DOMINGO DE LA SANTISIMA TRINIDAD


Tanto amó Dios  al  mundo, que entregó a su único Hijo para que no perezca ninguno”. (Jn. 3, 16 – 18).
      
Esta es la afirmación central del Evangelio de hoy; es una de las palabras más hermosas que podemos escuchar.  Con frecuencia olvidamos que el amor de Dios es universal, que alcanza a la humanidad entera, a todos nosotros y al mundo en que vivimos. Con frecuencia olvidamos que el motivo de su amor es que el mundo tenga vida y que cada uno de nosotros también tengamos vida, y una vida plena.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único... no para condenar al mundo, sino para que el mundo viva  por Él”, para que el mundo se salve quiere decir para que el mal y la muerte sean vencidas, para que los seres humanos lleguen a una vida plena. Estas palabras son la gran  Revelación de Dios: que Dios es  Amor,  y que Jesús es la  demostración de ese gran amor de Dios al mundo. Esto  quiere  decir que  el  Amor  de  Dios  manifestado en Jesús  es  para todo ser humano, para  que el mundo viva... Ese amor ha   consistido en un gesto: que  Dios nos ha entregado a Jesús para que todo el que cree en Él tenga vida.
Sí, Jesús viene a nuestro mundo a ofrecernos  la Vida... El no viene para condenar al mundo, sino para que el mundo viva por medio de El, para que todo ser humano se sienta amado.
            Hemos olvidado a ese Dios de la Vida, cercano al mundo y a cada uno de nosotros, que toma la iniciativa de amarnos, que nos ama sin condiciones y sin límites y que nos anima y sostiene nuestra vida, que nos llama siempre desde dentro a una vida plena y con sentido.
            Hoy celebramos la Fiesta de la Trinidad,  la Fiesta del Misterio de Dios, que es Amor y comunión ...¿Qué significa el Misterio de la Trinidad que hoy celebramos?
Que el Dios en quien creemos y que se  nos ha  revelado en Jesús,  no es  un Dios solitario, sino  que  es un Dios, que es amor, un amor que se da, que se relaciona y que unifica.
 Al Dios que está por encima de nosotros y que es nuestro origen, lo llamamos Padre; al Dios que está con nosotros y se hace compañero de camino, lo llamamos Hijo; y al Dios que habita nuestro interior, como entusiasmo y creatividad, lo llamamos Espíritu Santo.  Pero no estamos hablando de tres en uno sino de una única Realidad que es relación y es amor. La Santísima Trinidad no es un crucigrama para cristianos eruditos sino el misterio de Dios que es amor y comunión.
            Creer en el Misterio de la Trinidad, es creer que la comunión y el amor entre los seres humanos es posible. La comunión es el dinamismo que rompe nuestro aislamiento, vence nuestra tendencia al narcisismo y posibilita el verdadero encuentro entre las personas. Es la comunión la que hace posible todo crecimiento auténtico. Nos realizamos en comunión y en relación. Es  creer que el se humano, creado a  imagen de Dios, se realiza  en   la  medida en que se  relaciona, se  libera  cuando se abre y crece cuando ama.
          En el fondo de toda ternura, en el interior de todo encuentro amistoso, en la solidaridad desinteresada,  en el deseo último de la sexualidad humana, en la entraña de todo amor, siempre hay este anhelo de comunión; detrás de todo, está este misterio de amor y de comunión que es Dios y que hoy celebramos. Vivir y realizarse es, en definitiva,  entrar en este misterio de Dios que es comunión y es amor y dejar que esa Vida circule entre nosotros, entre todos los seres humanos. Siempre que sentimos necesidad de amar y ser amados, siempre que buscamos acoger y ser acogidos, cuando disfrutamos de una amistad que nos hace crecer, cuando sabemos dar y recibir, estamos celebrando el Misterio de la Trinidad, inscrito en lo profundo de nuestro corazón 
En esta Fiesta, de la Trinidad, tenemos que recordar que la crisis de nuestra civilización occidental y de nuestro mundo actual sólo tiene salida  por el camino del Amor y de la  solidaridad entre todos los seres humanos.
 Hoy, nos volvemos a ese Misterio de Dios para decirle: Padre, siempre encontramos un abrazo profundo en Ti que nos sostiene;  nos confiamos a Ti, Jesús, Hijo único del Padre, Resucitado, presente en toda vida.  Que tu Espíritu, que es amor, nos dé fuerzas para seguir avanzado en el camino de la comunión, del amor y de la esperanza. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario