miércoles, 1 de junio de 2011

Ascensión del Señor


 "Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". (Mt. 28, 16 - 20).

            El Señor Resucitado no se ha ido, sino que permanece para siempre: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”: no estamos solos, no estamos perdidos en medio de la historia abandonados a nuestras propias fuerzas; Él está con nosotros. En momentos difíciles es fácil caer en el desaliento y el derrotismo. Se diría que hemos olvidado algo que necesitamos urgentemente recordar: que Él, Jesús Resucitado, está con nosotros. No estamos solos. El es una Presencia que nos acompaña en el camino de la Vida y nos alienta siempre. Necesitamos recordar que Él está con nosotros. Para los primeros cristianos, Jesús no era un personaje del pasado, sino Alguien vivo que animaba, vivificaba y llenaba con su Espíritu de amor a las primeras comunidades.
“Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra”. El pleno poder se le ha dado a Jesús Resucitado. Pero ¿qué significa “pleno poder”? La palabra “poder” nos puede confundir, y de hecho nos ha confundido. A lo largo de la historia se ha querido hacer de Cristo un gran emperador, única fuente de todo poder. Pero el “poder” de Cristo se muestra en otras coordenadas, que no tienen que ver con las nuestras (políticas y sociales), alcanza niveles más profundos. El “poder” de Cristo está en  el amor donde se muestra el Misterio de Dios, que es Amor, puro Amor... Dios en Cristo se llama Amor, amor sin límites, “icono viviente del amor de Dios” hacia nosotros.
Id y haced discípulos de todos los pueblos”: quiere decir transmitir Vida a todos los pueblos, a todos los seres humanos. Esta Vida  es la mejor noticia que el mundo puede escuchar, puesto que este  Dios que se manifiesta en Jesús no es como los falsos ídolos que conducen a la injusticia,  la esclavitud y la muerte. Es el Dios de la Vida,  el Señor de la Vida. Esta es la Buena Noticia, el Evangelio de Dios es el Evangelio de la Vida. 
            “Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. Todo lo que os he mandado, se refiere a sus mandamientos. No se trata de guardarlos bajo llave, sino de llevarlos a la práctica, de vivirlos, es decir, de vivir el Amor. Hay un solo mandamiento:  el mandamiento del Amor, que nos amemos unos a otros, como El nos ha amado... Eso es lo que El nos ha enseñado. También, El nos ha enseñado a seguirle: Seguir a Jesús es haber sido seducidos por El, es depositar en El una confianza ilimitada, es abrirse a su Amor y es, en definitiva, identificarnos con El compartiendo su misión de anunciar la Vida.  
             Hoy celebramos la fiesta de la Ascensión del Señor. En el lenguaje simbólico de la cultura bíblica, se dice que, Jesús ha subido al cielo, no el cielo que está por encima de las nubes y de las estrellas sino el cielo de la plenitud de Dios. Quiere decir: que Jesús ha entrado en la plenitud de Dios.  La Ascensión del Señor en el Evangelio de Mateo, no es subida al cielo, sino Presencia del Señor Resucitado entre nosotros: “Yo estoy con vosotros”. La Resurrección y la Ascensión son dos formas de decir lo mismo: que el Resucitado fue glorificado. La Ascensión del Señor significa, para nosotros, que todos los anhelos de vida,  de justicia, de paz, de liberación  y de felicidad que llevamos dentro son posibles y se han realizado ya en el Resucitado: El, el Resucitado, es la plena realización de todo lo humano. En el Resucitado se han logrado ya las aspiraciones más profundas y nobles de nuestro corazón.

Por eso, esta Fiesta de la Ascensión es una fiesta de esperanza. Quizá el rasgo más sombrío del momento actual, es la crisis de esperanza. La historia reciente se ha encargado de  desmitificar  el  mito del progreso,  piedra  angular de la civilización moderna. Las grandes promesas no se han cumplido, se han caído nuestros ídolos y seguirán cayendo mucho más. Es verdad que hemos creado bienestar, pero también marginación, soledad, paro, individualismo. Hemos hecho la vida más larga, pero también más vacía y superficial. Parece que no estamos acertando en nuestra manera de entender la vida y de buscar felicidad. La crisis de la cultura moderna y la crisis económica y social,  es en gran parte, crisis de una sociedad que se está  quedando sin  valores y sin puntos  de referencia en su búsqueda de un futuro mejor para la Humanidad. Entonces brotan las preguntas: ¿Dónde encontrar fuerza y sentido para seguir trabajando por un mundo más justo y solidario? ¿Cómo recuperar la esperanza en esa salvación definitiva de la que estamos tan necesitados?  Sólo volviéndonos de corazón a la Presencia del Señor Resucitado, sólo en El encontramos la esperanza que no defrauda. Sin Dios, nuestras vidas están realmente vacías, vacías de sentido.
La Fiesta de la Ascensión significa que nuestro final está en Dios, no en la nada, que el horizonte de nuestra vida es  Dios.  Es pues, una Fiesta de esperanza: el futuro del ser humano y el futuro del mundo está en Dios. Podrán ir mal las cosas, la política, la economía, las situaciones personales, la institución de la Iglesia, pero la Vida será siempre más fuerte que todo lo que nos amenaza y nos dificulta para vivir hoy.
Podemos afrontar el futuro con esperanza, nuestra esperanza, la que hoy celebramos tiene un nombre, Jesús, el Resucitado. Sólo desde el Resucitado se nos revela el futuro último que podemos esperar para la humanidad y el camino que puede llevarnos a una plenitud de vida y de alegría
Que hoy podamos renovar nuestra fe y nuestra confianza en Jesús nuestro único Señor.  Volvemos nuestras miradas a El para decirle: Señor Jesús, ilumina los ojos de nuestro corazón para que podamos intuir que permaneces todos los días con nosotros hasta el fin del mundo. Que podamos saborear, ya desde ahora, la viva esperanza y la alegría a la que estamos llamados.

1 comentario:

  1. Me gusta tu homilia, lástima que no pueda acudir a tu templo, para oirte en vivo y en directo...

    Saludos,

    JAvier Fdez

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